Articulos : Entrevistas
“El mundo me ocupa y me preocupa”.
Emitido a las 9.09)

EMILIANO COTELO:
Periodista. Escritora. Política. Filóloga…

PILAR RAHOLA:
Ama de casa…

EC - Española. Catalana. Itinerante por antonomasia.Esos son algunos rasgos, los más salientes, de nuestra entrevistada de hoy.Para terminar de definir al personaje podríamos decir también “multifacética”…

PR - No sé…

EC- “Multipremiada”…

PR - A veces.

EC - “Archicomprometida”…

PR - Sí.
7

EC - Polémica…

PR - Sí.

EC - Incisiva…

PR - Sí.

EC - En fin, seguramente lo más conveniente sea escucharla. Por eso, en los próximos minutos el diálogo será con la periodista española Pilar Rahola, de visita por estas horas en Montevideo.

***

Pilar, supongo que te sentirás como en tu casa.

PR - Además me ha hecho mucha ilusión, porque sabes que soy catalana, y de golpe he visto un poeta aquí en la pared, que es Michel Marti Paul, que es uno de mis grandes poetas. Me ha hecho una ilusión extraordinaria. El lugar es bellísimo, pero bellísimo.

EC - Francamente muy cómodo para trabajar.

PR - Además cuentas con escritores en tu tertulia, lo cual dice mucho a favor de ti. No es tan normal eso.

EC - Hay varios, sí.

Según dice tu propia biografía, naciste en Barcelona en 1958.

PR - Ya está bien, ¿tú crees que por tener un micrófono tienes que decir mi edad?

EC - ¿Por qué no?

PR - No me están viendo, no saben que el cutis aún lo aguanto, nada fatal.

EC - Tú no les tienes miedo a las verdades, creo.

PR - Ni tengo miedo a la edad.

EC - Naciste “en el seno de una familia de fuertes convicciones republicanas y antifascistas”. Estás casada, tienes tres hijos, eres amante de los animales, doctora en Filología Hispánica y también en Filología Catalana por la Universidad de Barcelona.

¿Cómo se vincula, en tu caso, la filología con el periodismo?

PR - En mi época estudiar periodismo prácticamente no era posible, tenías que estudiar otra carrera, filosofía y letras, humanidades, filología, y derivabas hacia allí. Porque después ya se tipificó como una carrera importante.

Pero muchos de nosotros nos formamos en el ámbito de la literatura, en el ámbito de la lengua, y luego derivamos hacia el periodismo. Yo formo parte de una familia que ha estado siempre muy implicada con la vida política en mi país, mi tío abuelo fue el primer condenado a muerte de Franco, la primera condena a muerte que firmó fue contra Carlo Rahola, que era un intelectual de la época. En mi familia ha habido ministros de la República, diputados. De manera que en el ADN tenía la convicción del compromiso con la realidad, y el periodismo se acerca tanto a ese compromiso… Me movía entre lo literario y lo periodístico, y al final acabé en la trinchera de la política, que es una trinchera compleja, de la cual huí y vuelvo a la trinchera del periodismo, que para mí es el ojo del mundo, es la mirada del mundo.

EC - Pero la filología, según una definición que uno puede encontrar por allí, es la ciencia que se ocupa de los textos escritos a través de los cuales pretende reconstruir, lo más fielmente posible, la cultura que dio lugar a esos textos y que subyace a los mismos.

PR - Pero la carrera fundamentalmente era el estudio de la literatura y del pensamiento.

EC - ¿Y cómo te sirve esa herramienta para hacer periodismo?

PR - Toda persona del mundo que quiera entender la realidad y proyectarse en el futuro tiene que tener una gran dimensión del pasado, y la literatura es la materia del pasado, es la memoria. El material con el que trabaja la literatura de ficción es la memoria, es la vida, uno puede entender mejor la historia rusa si lee a Tolstoi que un libro de historia. O, por supuesto, si lee a Proust reconstruye toda la memoria de Europa. De manera que desde mi punto de vista una buena formación literaria te implica con el mundo de una forma mucho más sutil. Además la literatura es el arte de la sutileza, del matiz, de la construcción de cosmos, de vidas, de universos. En fin, para mí es una pasión. Y además soy una lectora de clásicos, cuando estoy muy agobiada, cuando el mundo me cansa mucho…

EC - Se nota en tus notas, en tus artículos.

PR - …me vuelvo a los clásicos, que nunca te fallan. Los griegos son fantásticos.

EC - ¿Cómo te llevas con Uruguay? Parece que bastante bien, porque estaba mirando tu blog ayer y me encontré con varias fotos personales, algunas de ellas tomadas en Punta del Este, donde pasaste el último fin de año.

PR - La verdad es que en las fotos de mi blog faltan muchísimas y apenas cuelgo las últimas. Yo a Uruguay he viajado varias veces, mi primer encuentro con Uruguay fue fatal, hacía un frío terrible, yo venía con la piel de verano y de golpe me morí.

EC - Hoy te recibió un frío bastante importante.

PR - No, es fantástico. Y luego en Punta del Este tuve la ocasión de conocer a Sanguinetti en ese momento, que fue un honor. La verdad es que Uruguay es un país… si lo digo aquí me vais a decir que toca, pero lo digo fuera también, es un país muy amable, muy agradable de estar, donde todo, incluso las pasiones tienen sordina, son suaves. De manera que realmente es un país de aquellos que te dan siempre la bienvenida y es muy amable cuando te dice adiós. Es agradable de venir. Y luego, además, uno va finalmente conociendo conceptos, personas, mitos del propio país, eso crea complicidades, lógicamente. Además ustedes saben que son un poco una isla en esta zona del mundo. A mí el primero que me dijo “esto es distinto” fue Sanguinetti. Luego fui descubriendo que era cierto. Todo es distinto aquí, la política, la vida, el sentido de responsabilidad, es un país en este sentido muy europeo. Ustedes lo llaman la Suiza de la zona.

EC - En algún momento nos presentamos como "la Suiza de América".

PR - Pero, con perdón de los suizos, menos aburridos.

EC - Tú has sido durante varios años periodista de radio, televisión, prensa, y esa profesión te llevó a cubrir varios conflictos. Tengo un listado aquí que incluye la guerra entre Etiopía y Eritrea, la guerra de los Balcanes, la primera guerra del Golfo, la caída del muro de Berlín, el asalto al Parlamento Ruso, el proceso de independencia de los países bálticos. ¿Qué te dejan esas coberturas, además de poder poner los datos en el currículo y decir “estuve ahí y sobreviví para contarlo”?

PR - Nunca fui, no puedo considerarme, corresponsal de guerra, eso es un nivel de compromiso periodístico muy alto. Pero tuve la oportunidad, cuando estaba trabajando en televisión, de cubrir algunos conflictos desde una perspectiva más completa, más de programas largos. Eso me permitió mi primer muerto, en el sentido terrible del término bélico, en África, la muerte negra es terrible porque es una muerte que nadie ve, que nadie mira, que a nadie le interesa. Y además es una muerte blanca, es decir, la piel interior es blanca, la ves en las heridas. Recuerdo esa mirada, la muerte tiene otra dimensión, recuerdo una madre que tenía un niño en brazos que hacía tres horas que había muerto y aún lo acunaba…

En fin, realmente esa primera guerra me aterrizó con toda rotundidad en el compromiso, y también en el dolor, en el absurdo, en la fuerza de las mujeres, que mientras sus hombres estaban haciendo la guerra reconstruían la educación, la cultura, la comida. Los aspectos fundamentales de la vida, el vivir, el sobrevivir, era muy femenino. De manera que más que sobrevivir tú, porque mueren muchos periodistas en las guerras pero no es decente hablar del riesgo del periodista, el periodista va porque quiere, es su obligación poner la mirada. De hecho, en la mayoría de las guerras del mundo no ponemos ninguna mirada, pero cuando tú ves la muerte arbitraria, absurda, tan de cerca, los valores fundamentales de la vida adquieren mucho valor.

EC - Por otro lado, ¿no se corre el riesgo de “endurecerse”, de perder sensibilidad para la comprensión, para el abordaje de temas más cotidianos?

PR - No, no. Cuando vuelves de una guerra (estoy segura de que todos los que han cubierto guerras lo saben), estás unos cuantos meses en tu país absolutamente atontado, incluso pensando, tú ves los valores del consumo de tu país, que forman parte de lo cotidiano, donde gastas más de la cuenta, te preocupas por nimiedades, y de golpe, cuando vuelves de un país de estos, durante mucho tiempo te sientes muy mal contigo mismo, no quieres gastar en tonterías, piensas ¿qué hacemos en el mundo?

A mí desde luego no me sacó sensibilidad sino que me comprometió más, hasta el punto que me comprometió como madre y decidí adoptar dos hijos, primero uno y después otro, a raíz de estar en un orfanato en África donde había más de dos mil niños huérfanos de la guerra. Que no salvé nada, cuando uno hace un proceso de adopción no se apunta una ONG, hace de madre y de padre, nada más. Pero me comprometí ahí, y es un compromiso de por vida. Tenía una hija biológica y decidí entrar en el mundo de la adopción. A mí no me perdió sensibilidad.

Y luego, tocar la historia de cerca, estar en la caída del muro de Berlín esa noche, he tocado la historia, con muchos miles más. La ilusión, cómo caía el muro, cómo le pegábamos, cómo caían trocitos, la gente se abrazaba. Volver a mi país con una euforia, porque realmente tuve la impresión de que un momento de la historia me había pertenecido un poquito. Y aún tengo un trocito de muro en mi casa.

EC - Ahora una de tus líneas de trabajo más fuerte es la prensa.

PR - En televisión también.

EC - Aquí a lo que más tenemos acceso es a los artículos que escribes, por ejemplo en El Periódico de Catalunya, en El País de Madrid, en La Nación de Buenos Aires, entre otros. Y si miramos tus últimas columnas, podemos encontrar desde una reflexión sobre los trece años del atentado a la AMIA en Buenos Aires, de estos días, tu opinión en torno al conflicto en Medio Oriente, un comentario muy ácido sobre la familia Beckham, una crítica a los sanfermines, algo de ironía sobre la filmación en Barcelona de una película de Woody Allen. ¿Cómo abarcas temas tan variados? ¿Cómo se te meten asuntos tan dispersos y diferentes en tu cabeza?

PR - Porque el mundo me ocupa y me preocupa, y por tanto me apela como… no me atrevo a llamarme intelectual, pero como persona que tiene el lujo enorme de tener espacios abiertos al mundo, que hay gente que lee y a quien le interesa. Es un espacio de responsabilidad, es un lujo, un lujo que a mí me han otorgado aún no sé por qué, tengo que ser responsable con eso. Por tanto me interesa, por ejemplo, el sufrimiento de un toro absurdamente, en una cultura de muerte que no puedo aplaudir, en una fiesta en Navarra. Mi marido es de Navarra, la guerra la tengo en casa, pero yo no puedo entender la muerte arbitraria, tampoco de un animal, y no puedo entender el aplauso ante la tortura, ante la sangre, me repugna. Y no puedo callar, y sé que me gano antipatías, sé que cuando voy a Pamplona me dicen de todo, sé que los toreros se acuerdan de mi madre. Me es igual, me apela.

Y cuando veo que el mundo convierte a unos tipos, a un producto de la lada choluta que son los Beckham en un producto económico importante, me acuerdo de Nietzsche cuando hablaba de la caída de los dioses, de la muerte de Dios. Digo, pero los dioses nuevos son peores, porque como mínimo el nihilismo de algunos pensadores del siglo XX era constructivo, este es el nihilismo puro, es la lada choluta. Y también quiero escribir sobre eso.

Y por supuesto, si soy la oradora (también eso es un honor, más que un lujo es un honor inmerecido) el día del recuerdo de las 85 víctimas de la AMIA, ¿cómo no voy a escribir sobre eso, que me apela directamente, la muerte absurda, arbitraria? Alguien que en nombre de un dios, de una ideología mató a personas, eso forma parte del reto y del compromiso del mundo. De manera que en el fondo soy un poco hábil en una cosa: de lo que creo que no sé o no tengo opinión no hablo, entonces parece que hablo de todo, pero en realidad hay cosas de las que no hablo nada porque no sé nada. No me verás hablar de economía, por ejemplo, porque no es mi fuerte; no me verás hablar de deportes; puedo hablar desde una perspectiva civil de lo que ocurre en el mundo del deporte, pero no saldría de esto. Hay aspectos que me escapan, pero alguien que mira el mundo con un pensamiento crítico y con un compromiso moral, tiene opinión sobre las cosas que ocurren y las describe, y si alguien las lee, fantástico, ese es el compromiso.

***

EC - Hablemos del periodismo y la política. De 1993 a 2000 fuiste diputada en el Parlamento español por Izquierda Republicana Catalana.

PR - El partido de mi familia.

EC - De 1994 a 2000 fuiste vicealcaldesa de la ciudad de Barcelona. ¿Cómo fue este pasaje de periodista a política?

PR - Traumático.

EC - Decías hace un rato que ya no más, nunca más, pero ¿cómo lo viviste?

PR - Fue una aventura extraordinaria, pero también potente, casi como una guerra. En la política viví lo mejor de la política, que es la adscripción directa a unas convicciones, yo fui diputada republicana en un país monárquico, tuve mis encuentros con el rey, le llamé “ciudadano Juan Carlos” y fue un escándalo en España, aunque me llevo bien con el personaje. Pero me gustaría dejarlo sin trabajo, por eso soy republicana. Cuando le dije esto al rey, me dijo “mi trabajo es que tú no lo consigas”, el tipo también es listo. Feminista en un país que cuando yo empecé era muy machista, esto ha cambiado considerablemente, antitaurina en un país taurino, catalana en un país donde lo catalán es complicado, de un partido de izquierdas, etcétera.

De manera que era un reto, era un tsunami casi para mí, además la única diputada durante mucho tiempo. Eso fue lo grande de la política, luego la gestión directa de la ciudad de Barcelona, yo gobernaba Comercio, Consumo y Turismo, de manera que toqué la política real, allí donde cambias la vida de la gente. Eso fue para mí una experiencia muy bonita, pero también muy fuerte, la vida privada se te complica, si eres madre se te complica muchísimo, hay aspectos de tu vida que quedan muy tocados, muy choqueados. Al mismo tiempo viví lo mejor de la política, las guerras de partido, las guerras por el poder.

EC - Se dividió el partido, terminaste fundando otro.

PR - Nos fuimos, quedamos fatal, yo decidí que no volvía. A veces en la política lo más duro es tu compañero de partido, y eso no me gustó. Seguro que cometí errores, creo que también tuve aciertos, dejé una huella tan fuerte para bien y para mal que aún hay quien me hace en la política, yo me encuentro en la calle gente que me dice “te voté”, y hace como siete años que no estoy, o sea que me votaste en el Jurásico. Pero no me quedaron ganas de volver, lo cual no significa que para mí la política no sea muy digna, pero creo que mi personalidad, que es muy heterodoxa, muy brava, muy apasionada, que me implico mucho en los temas, no casa bien con el dogmatismo de los partidos políticos, los intereses de partido, el voto callado, disciplinado, yo no soy nada servil, por tanto soy incómoda.

En su momento cuando dejé la política hubo un intento de que volviera, por parte del que entonces era candidato al gobierno catalán, que era Pascual Maragal, lo hablé mucho con él y dije “creo que no me sirve”. Y cuando él me decía por qué, yo decía “no me sirve en la vida, no voy a ser feliz”. Y llega un momento en la vida en que uno también quiere ser feliz. La política me daba pero me quitaba demasiado, el periodismo me da mucho y no me quita tanto, algo me quita, porque en el fondo uno lo que quiere es estar tumbado en la playa en algún lugar del mundo y ver cómo crecen sus hijos, y eso es más complicado. Pero creo que no voy a volver. Uno nunca puede decir eso, pero he puesto todas las trabas y he complicado mi camino suficientemente como para que realmente no vuelva.

EC - Hablemos de otra de las facetas incómodas de tu trayectoria periodística, vuelvo a la biografía que figura en tu blog, supongo que es autorizada…

PR - Sí, esa sí.

EC - Dice: “Desde hace años sigue de cerca la cuestión de Oriente Medio. Ha viajado más de veinte veces a la zona. Es una ferviente luchadora contra la distorsión informativa y contra la actual criminalización del Estado de Israel, y ha convertido la batalla contra el antisemitismo en una de sus causas. Batalla reflejada en decenas de conferencias y artículos”. ¿Tú sostienes que existe antisemitismo en España, en Europa?

PR - Sin ninguna duda, pero no lo sostengo, es un hecho, no es una especulación. Pero no es lo mismo, es decir, estoy a favor del pensamiento crítico en todo, también con Israel, y lo he practicado. Ni todo lo que hace Israel me gusta, ni me gustaron todos sus gobernantes, ni me gustan todas sus actuaciones, y me parece pertinente y obligatorio que en el periodismo, en el mundo intelectual, en el mundo de la opinión haya crítica a Israel, sin ninguna duda. Eso es una cosa, y criminalizar al país es otra. He percibido, creo que con mucha rotundidad, en el mundo globalmente, porque también en América Latina, no ha sido una crítica severa pero balanceada y honesta a Israel, sino una criminalización. Israel tiene la culpa de todos los males de la zona, es el culpable de todas las muertes, incluso cuando los matan a ellos, es el país ocupante, es el país perverso, si no existiera sería fantástico.

En cambio no noto la crítica, por ejemplo, al terrorismo palestino, no noto en el mismo balanceo la crítica a los errores de los líderes palestinos, hemos llevado a los altares a Arafat, que fue un líder violento, corrupto, que dejó una tristísima herencia en Palestina, que movía miles de millones de dólares y su pueblo se moría de hambre, que el pobre Mahmud Abas, que me parece un tipo importante e interesante no sabe cómo lidiar con esa herencia. ¿Por qué en el mundo, me paso la vida viendo las maldades de Israel y nunca he leído una sola maldad de Palestina? En un conflicto tan complejo, alguna culpa tiene el otro lado. Y lo que es peor, ¿por qué no hablamos de Siria cuando hablamos de Palestina?, ¿por qué no hablamos de Irán cuando hablamos de Palestina? Hamas es una organización que mata personas, y la financia Irán, y otro momento la financiaba Irak, y parece que esto no chista en el conflicto.

Desde mi mirada crítica, considero criminalización no a la crítica honesta a Israel, sino el maniqueísmo, buenos y malos, víctimas y verdugos, convertir un enorme y complejo conflicto en algo simple. Y luego el antisemitismo, que es socio fundador de la cosa. En Europa existió un antisemitismo terrible, que masacró Europa y destruyó dos tercios de la población judía de Europa. Era de extrema derecha, bebía de las fuentes del cristianismo, que durante siglos criminalizó al pueblo judío. Pero finalmente fue, como es evidente, una expresión del horror fascista. Pero también existió, que nunca lo mentamos, un antisemitismo de izquierdas, que hoy tiene su cara más triste. Ese antisemitismo de izquierdas es el que criminaliza a Israel, el que ningunea al terrorismo y lo minimiza, el que banaliza la Shoa, el Holocausto, cualquier expresión del conflicto en Oriente Medio es un holocausto, cuando el Holocausto no es comparable a nada. Y sin embargo esa misma izquierda y ese mismo periodismo que se implica tan brutalmente con Palestina, no lo hace con Sudán. En Sudán llevamos un millón de muertos, ¿por qué no nos preocupa?

EC - Tienes uno de tus enfrentamientos con la propia izquierda a la que perteneces y con la que te identificas, “la izquierda europea es antiisraelí” has escrito más de una vez.

PR - Es algo más. No toda la izquierda, sin duda, yo me considero también de ese planeta ideológico, por tanto no todos somos iguales. Pero sí es cierto que hay un pensamiento políticamente correcto que te obliga a pensar dogmáticamente. Alguien escribió en mi país, la escritora Rosa Montero, que el pensamiento libre es un territorio inhóspito y solitario. De manera que cuando uno se hace preguntas más allá de los dogmas y las consignas a veces está muy solo. Y yo me siento sin ninguna duda implicada en la sensibilidad progresista por biografía, por compromiso, etcétera, pero no coincido en todo en la dogmática de izquierdas.

No puede ser que en nombre de la izquierda haya personas que me justifiquen que los niños de ocho y nueve años sean educados en el fanatismo que acabará convirtiéndolos en bombas. No puede ser que confundan eso con la liberación de los pueblos, porque eso no es liberación, es destrucción y muerte. No puede ser que el drama de millones de mujeres esclavizadas en el Islam no preocupe a nadie, porque eso es una traición al compromiso moral de la izquierda. No puede ser que en nombre de los valores de la libertad se justifiquen dictaduras. No puede ser que en nombre de los valores de la libertad se criminalice a esa pequeña democracia israelí, que con sus defectos se mantiene como democracia en una zona del mundo donde no hay ninguna. Entonces son demasiadas traiciones, ahí es cuando yo me enfrento, por supuesto me enfrento más a la derecha, cómo no, yo no voy a votar en mi vida al Partido Popular.

EC - Tú dices que eres capaz de analizar críticamente a Israel. ¿Por dónde encuentras los problemas? ¿Dónde están tus censuras a Israel?

PR - Por ejemplo, yo fui muy crítica con la guerra del Líbano. Perdóname, y ahora voy a comprometerme: no porque existiera esa guerra, yo me pregunto qué país del mundo aguantaría, país pequeñísimo, siete millones de personas, no llevan ni un solo día de tranquilidad, o guerras o terrorismo, que tiene que dedicar 60% de su presupuesto nacional a defensa, y con el 40% restante nos ha dado ya ocho premios Nóbel. Lo digo porque el petrodólar no ha dado un solo premio Nóbel al mundo, y es una riqueza ingente, eso también hay que tenerlo en cuenta.

De manera que ese pequeño país, que con sus miserias, sus responsabilidades, sus defectos, aguanta una democracia con una situación de terrorismo, de violencia, con un montón de países cercanos que lo quieren destruir, con un país miembro de la ONU que acaba de decir “ya llegó el tiempo de que el ente sionista desaparezca”, que quiere tener la bomba nuclear, que ha hecho un congreso para negar el Holocausto, y nadie ha retirado un solo embajador en el mundo, porque el dinero puede más que la moral. Ese pequeño país, que tiene un ejército financiado por Siria y por Irán, que permanentemente bombardea sus ciudades del norte, que lo quiere destruir y que es más grande que el ejército del Líbano, que un día que después de secuestrarle unos soldados que han entrado en su territorio le han secuestrado unas personas que aún no han devuelto, que permanentemente lo quiere destruir, un día haga la guerra, oiga usted, ¿quién soy yo para decirle que no?

EC- ¿Pero qué es lo que le cuestionas a Israel?

PR - No me gustó cómo la hizo, no me gustaron los errores estratégicos, no me gustó la perspectiva política, no me gustaron algunos de los bombardeos. Yo tengo la obligación también de decirle a Ehud Olmert “usted no fue un buen presidente, no gestionó bien esa guerra”. Una vez dicho esto, perdóname que corriendo diga: Irán es responsable de armar un ejército que quiere destruir a otro país; Siria es responsable de ayudar en la logística y en la ideología que finalmente esclaviza a miles de personas en un discurso fanático e intolerante que nos secuestra para decapitar la paz. Por tanto, más allá de los errores que cometa Israel, Israel lidia con algo que no sé qué pasaría en España, si Francia estuviera armando permanentemente un ejército que nos quiere destruir y nos ataca, ¿qué haríamos en España? No sé, ¿pondríamos flores en los fusiles? Es difícil. Le quiero recordar que Gandhi estuvo a favor de la guerra contra Hitler. A veces los caminos de la paz son complicados.


Pero en cualquier caso le voy a decir algo peor o más complejo: yo no soy una ciudadana israelí, no sé cómo me defendería, no sé cómo hay que hacerlo, lo que sí le digo es que como ciudadana del mundo me duele ese conflicto, y también le digo que en nombre de Palestina los hay que destruyen a Palestina, en nombre de Palestina los hay que educan a niños para la muerte, los hay que tienen campos de colonias donde los niños no tienen a Harry Potter en las escuelas, tienen a un suicida. Los hay que financian la muerte y financian el terrorismo, los hay que no financian las escuelas, no financian la cultura de la paz. Si Francia y Alemania después de la segunda guerra mundial hubieran continuado alimentando la confrontación hoy estaríamos a las puertas de una guerra, alimentaron la tolerancia, hoy son un eje estable. Ese es el problema que tiene Mahmud Abas, que creo que es un tipo interesante, que sus generaciones, sus jóvenes, han sido educados para odiar, y ahí nos encontramos con la famosa frase de Golda Meier: “habrá paz el día que ustedes amen más a sus hijos que lo que nos odian a nosotros”.

Edición: Mauricio Erramuspe
Fotos : Guzmán Gordillo
EMILIANO COTELO : Espectador.com
PRIMERA RADIO DE URUGUAY
© 2004 Pilar Rahola
Articulos : Entrevistas

“El único culpable es el asesino”

Las Naciones Unidas callan demasiado!

En la calle Pasteur, donde se agolpa una multitud dolida, la voz de Pilar Rahola, la ex vicealcaldesa de Barcelona, vibra indignada.

Es una mujer joven y apasionada que luego, con más calma, nos explica el origen de su dedicación a la política y a las libertades.

—Esto se dio en niveles distintos. En primer término le diría que yo vengo de una familia golpeada por la represión franquista que hizo de uno de mis tíos abuelos el primer condenado a muerte por Franco. Fue, también, el primer juicio militar contra un intelectual. Por supuesto que hubo muchos más y, por otra parte, murió gente en la calle sin ningún juicio. Y aunque uno no hereda las virtudes de sus antepasados, yo me crié en una familia con mucha conciencia de lucha contra el fascismo. A favor de las libertades. De modo que me eduqué con un fuerte concepto de la valentía, de compromiso con las libertades y también con la libertad de la mujer. ¡Y esto en un país machista es bastante complicado! No fue fácil y yo me hice irreductible. Sin embargo, debo reconocer que el camino directo a la lucha o la denuncia pública contra los totalitarismos, contra el terrorismo, me viene por mi lucha por los derechos de la mujer. Este ha sido el camino que muchas mujeres hemos emprendido en España y estamos muy satisfechas porque hemos conseguido, entre todas, grandes cosas. Pero tampoco a mí me bastaba con tener un país en el que las leyes iban volviéndose igualitarias y los gobiernos (¡quizás por mala conciencia!) mixtos. Lo que realmente me preocupa más es que muchas mujeres, en el mundo, continúen siendo esclavas. A partir de allí entré a ocuparme del fenómeno del integrismo islámico, del terrorismo y, de golpe, uno se encuentra embanderada con algunas causas que son siempre las mismas: la democracia, los derechos individuales...

—No sé si me equivoco, Pilar, pero mientras la escuchaba en el acto de la AMIA pensaba si no estábamos dando un salto en el tiempo y volviendo a aquello de las guerras de religiones...

—No creo sinceramente que sea así. Era una de las teorías de Oriana Fallaci, con la cual tuve una buena relación, pero sin estar de acuerdo. Me parece que a Dios no hay que meterlo aquí. Lo usan. No es un tema de los ciudadanos que, en cualquier lugar del mundo, le rezan a un Dios distinto. No. Creo en cambio que en nombre de ese Dios alguien les transmite ideologías totalitarias. Es decir, mi enemigo no es una chica que en este momento está rezándole a Alá en una mezquita de Marruecos, del Sudán o de Kuala Lumpur. De ninguna manera. Mi enemigo es el imán que le inculca que me tiene que odiar. De manera que el problema es la ideología. Hay gente que tiene la misma religión y no es totalitaria. Incluso por ser europea y de familia católica creo que, por ejemplo, muchos judíos, en numerosos momentos de su historia, vivían mejor en países musulmanes que en Europa. Eran más perseguidos en Francia o en Rusia o en España (cuando los expulsamos) que en toda la región del Mediterráneo. De manera que yo creo que el islam, como toda religión, puede derivar hacia la modernidad o también dar un giro hacia la antimodernidad. Hoy, por desgracia, está copado por una ideología profundamente antimoderna, claramente medieval, que usa la tecnología del siglo XXI pero vive en el siglo XIII, y tiene una voluntad de conquista planetaria muy peligrosa. Y le diría que mi enemigo es ése: el totalitario en nombre de Alá.

—En un artículo que Ud. escribió para el diario “La Nación” ha denunciado la presencia de células de Hezbollah en más de 20 países. ¿Se visualiza en Europa que en América latina, por ejemplo, el área de la Triple Frontera es una zona peligrosa que ha tenido una fuerte incidencia en los atentados ocurridos en la Argentina?

—En Europa, a nivel de cancillerías y servicios de inteligencia, la Triple Frontera es un motivo de preocupación. Hay que pensar también que no sólo se trata de Hezbollah, sino también es la Yihad, son los grupos vinculados a Al Quaeda... En fin, todos aquellos que están en un planteo totalitario integrista muy agresivo contra las democracias y la libertad de la gente han sido financiados durante décadas con total impunidad. En Europa había diversos bancos que en forma directa o indirecta financiaban el terrorismo islámico. Esto se cortó a partir de 2001. Esos bancos se cerraron y fueron muy investigados y perseguidos. Lo mismo que centros islámicos en los que sabíamos que había gente que preparaba Yihadistas y fanatizaba a los niños. En cambio, nunca hubo problemas con aquellos que rezaban a su Dios. Nosotros teníamos la convicción de que una parte importante de esa financiación de la que hablábamos se derivó hacia la Triple Frontera, que es la tierra de nadie. Daría la impresión de que un país de la zona (tampoco quiero meterme en la vida de nadie), uno de los tres de la Triple Frontera, es especialmente poco sensible a la lucha contra el terrorismo–. Pilar hace una pequeña pausa y retoma–: Me estoy refiriendo al Paraguay, donde creo que se podría hacer mucho más. No quiero equivocarme, pero parecería que allí no hay un auténtico filtro; parecería, repito, que no existe ningún tipo de control. De manera que es muy probable (y todos los servicios de inteligencia lo mencionan en sus informes) que hoy la Triple Frontera sea un centro de financiación muy importante. No sabemos si hay allí otras cosas como centros logísticos o un ir y venir de personas, pero lamentablemente tienen células de Hezbollah. Y es posible que no miren tanto hacia America latina sino hacia Europa, porque el terrorismo islámico, hoy por hoy, considera que la línea de fuego es el mundo entero. Por lo tanto, ataca donde puede. Justamente, hoy lo hablamos en el acto de recordación por las víctimas de la AMIA. Cualquier hombre o mujer con su carta de ciudadanía libre se convierte actualmente en un objetivo terrorista. Se mata al otro, al anónimo, al que pasa por la calle o sube a un tren o a un subte o concurre a una bolsa de trabajo. El objetivo es, pues, aterrorizar. ¡A cuántas más personas, mejor! Así consiguen una dinámica de acción-reacción. El primer objetivo del terrorismo no es matar, sino aterrorizar con la muerte masiva. Es entonces cuando las democracias se resienten, se asustan, recortan libertades y todo, de alguna manera, pasa a ser mucho más bélico.

—¿Una forma de ganar terreno?

—Desde ya.

—Volviendo sobre estos lamentables 13 años perdidos en la investigación sobre el atentado a la AMIA, no podemos dejar de envidiar la prontitud con que, en España, se llegó a los autores del atentado del 11 de marzo. No sé si los españoles tienen conciencia de la importancia que esto significa comparado con lo que nos ha ocurrido en la Argentina...

—Tengo que decir que a mí me duele España muy a menudo y por muchas cosas, pero en este tema reconozco que no me dolió. Usted sabe que con motivo del 11 de marzo tuvimos también mucho ruido político... sigue

—Bueno, le costó la carrera a Aznar.

—Yo creo que el PP (Partido Popular) perdió las elecciones porque mintió y mantuvo la mentira. En un primer momento, bajo el shock del atentado, era posible decir muchas cosas. Nos encontramos con una terrible confusión de cuerpos mutilados y hierros retorcidos. Sangre y fuego. Pero cuando a las 12 del mediodía, y aún más tarde, ya sabíamos todos en el mundo que la culpabilidad recaía en Al Quaeda, ellos seguían diciendo que era la ETA. Querían salvar las elecciones y ahí, claro, cambiaron los votos. Por lo tanto, yo creo que el PP haría bien si, algún día, reflexiona sobre esto, sobre su error histórico. En estos años transcurridos después del 11 de marzo, más allá de la recordación permanente de las víctimas, hemos seguido teniendo mucho ruido político entre el Partido Popular y el Partido Socialista sobre este tema. No ha sido nada bonito ni moral. Una vergüenza. Pero a nivel judicial y policial se hizo un trabajo espléndido. Limpio, rápido, eficaz, y en cuanto hubo pruebas se fue a juicio, se han detenido personas. Aun a aquellas que estaban en ámbitos internacionales. Se les ha sentado en el banquillo de los acusados con condenas ejemplares. Sin duda este proceso tan limpio, tan rápido y tan puro ha fortalecido la democracia. Nos ha quedado una incógnita. Más allá de los grupos que conocemos y lo financiaron, cabe una pregunta: ¿hubo algún país que también ayudó? No lo sabemos. No hemos podido llegar hasta ahí. En el caso de la Argentina, se hicieron mal las cosas desde un principio. La Argentina se durmió, escondió, puso obstáculos. Incluso hubo cancillerías que colaboraron... Fue una vergüenza y durante estos años, en el tema de la AMIA, miramos hacia la Argentina con mucha pena. Sin embargo, al final ha hecho algo muy grande.

—¿Usted se refiere al replanteo de la Justicia?

—Un país que durante mucho tiempo creó obstáculos para llegar a la verdad y dificultó las investigaciones tiene actualmente un juez y un fiscal con un nivel de valentía único y extraordinario. No solamente señalan como responsables directos a miembros del gobierno iraní de aquel entonces, sino que han lanzado una orden internacional de captura. Reitero que este hecho implica una valentía extraordinaria en un país que parecía indiferente o dormido. Y si reflexionamos sinceramente sobre este tema, llegamos a la conclusión de que todos tenemos alguna grandeza y alguna miseria, ¿no?

—Sin duda. También hay algunas declaraciones suyas con respecto al presidente Chávez de Venezuela que lo señalan como un personaje inquietante...

—América latina es un continente que lo tiene todo para crecer. Tanto a nivel político, como estratégico y económico. Hoy existe un potencial latino realmente de una gran importancia. Muy relevante. Sin embargo, en ese mismo territorio, en este mismo continente, estamos viendo crecer también una corriente dogmática de un populismo fascistoide que cuenta con muchos recursos económicos y que está utilizando para el adormecimiento de las mentes, para la demagogia. E incluso para enaltecer a dictaduras que se mantienen en el mundo, ¿no? Los amigos de Chávez son Corea del Norte, Irán... Algunos de los regímenes más jurásicos que subsisten. Si hablamos de Corea del Norte, es como si lo hiciéramos de un dinosaurio. Resumiendo, ¡no hay que olvidar que el coronel Kadhafy otorgó al presidente Chávez el premio a los derechos humanos!–Pilar levanta el tono–. ¡Realmente, Dios los cría y ellos se juntan! Pero el problema es que yo creo que Chávez es un tipo sin ninguna categoría, sin ética, que ofende la figura de Simón Bolívar, un gran librepensador amigo de los grandes intelectuales de su época. ¡Chávez tiene unas ínfulas imperialistas de gran sátrapa, de pequeño gran dictador! Y esto inspira miedo porque tiene dinero. Yo creo que va a intentar implantar un gran imperialismo mediático. Hará un intento de dominación a través de los medios de comunicación y también comprando armas. ¿Qué más puedo decirle? Algunos ingenuos de la izquierda le siguen el juego ...

—Otro tema preocupante, si miramos las estadísticas, es el gran avance demográfico musulmán dentro de la comunidad europea. En un plazo relativamente corto esto tendrá peso. ¿Cómo lo analiza España?

—Hace muchísimos años Kadhafi dijo, refiriéndose a Occidente: “Ustedes tienen la bomba atómica, pero nosotros tenemos la bomba demográfica”. Y, sin ninguna duda, en la curva demográfica europea las familias con más hijos son los islámicos. ¿Es esto una amenaza? Veamos: si estamos hablando de ciudadanos musulmanes democráticos que incorporan su mirada religiosa y cultural a la mirada global de los países donde viven (España, Alemania, Francia), no hay nada que temer. Recordemos que en la España medieval convivían en hermandad judíos, musulmanes y católicos. El problema está en cuántos de esos millones de ciudadanos musulmanes que viven en Europa han sido atrapados y seducidos por el integrismo islámico.

—Es también la pregunta que surge cuando observamos el tema de los médicos musulmanes en Londres...

—Los médicos de Londres fueron enviados pero algunos ciudadanos ingleses, nacidos en suelo británico, a pesar de vivir en la cuna de la democracia (recordemos que la democracia británica es una de las más antiguas del mundo) y en un regimen multicultural, tienen, como le decía, la tecnología del siglo XXI junto a una mentalidad del 1300. ¡Y esto es dinamita! Es dinamita para la libertad, para la democracia, para la seguridad.

—¿Cuál sería entonces, a su entender, la postura adecuada frente a esta realidad que usted señala?

—Creo que lo que debe hacerse es combatir muy severamente a los imanes y a los líderes religiosos que promocionan y financian el fanatismo integrista. Yo no quiero condenar a los fieles musulmanes como tampoco condené a Alemania. Pero sí condené el nazismo. En mi país y en Francia los imanes integristas que les llenan la cabeza a sus fieles con locuras totalitarias deben ser considerados como delincuentes por apología del terrorismo. De hecho, ha habido algunos imanes que han sido detenidos por estas razones. En Francia, por ejemplo, los han expulsado. ¿Están ustedes seguros, en la Argentina, de que en los centros religiosos islámicos no se enseña algo más que lo referente a Alá y el Corán? ¿Están ustedes absolutamente seguros?

—Usted ha mencionado una reunión secreta que tuvo lugar en 1993 en la ciudad de Maashad, donde se decidió el atentado contra la AMIA...

—Lo que yo puedo saber lo sabe el fiscal Nisman y lo podemos leer en la causa. Sin embargo, lo que parece bastante evidente es que, si se confirman los compromisos que tuvo en su momento el presidente Menem con Irán y que después resultaron compromisos no cumplidos, es más que probable que el gobierno iraní quisiera cobrarse sus cuentas pendientes. Yo nunca convertiría en culpable de la muerte de 85 personas a un presidente democrático de un país democrático, como lo señalan algunos familiares. Creo que el único culpable del delito es el asesino y quien ha pagado al asesino. Lo que sí es cierto es que aquel gobierno de aquella época tenía algunas cosas que ocultar. Y esas cosas escondidas son las que, finalmente, provocaron demasiados obstáculos en la investigación. Lo que sabemos con certeza es que se reunieron en Irak y allí decidieron atentar contra Buenos Aires. Se abrió una cuenta en el Deutsche Bank para pagar ese atentado. Y esto ha quedado establecido con una gran profesionalidad por parte de la Fiscalía.

Magdalena Ruiz Guiñazu :
Diario Perfil. Buenos Aires. 22/7/2007

AMIA: la vida quebrada

Martes 17 de Julio de 2007
Noticias Buscador Nota
AMIA: la vida quebrada
Por Pilar Rahola
Para LA NACION



Todas las edades. Yasmín, que tenía 12 añitos al morir. Paola y Cristián, que con sus 21 años estaban culminando sus estudios de abogacía. Carla, con 17; Ingrid, con 18; Mariela, con 19, que buscaban su primer empleo en la bolsa de trabajo de la Asociación Mutual. Eugenio era boliviano; tenía 17 años y ayudaba en unas obras de reparación. Y, con ellos, 78 personas más, todas con sus vidas, sus amores y su esperanza; todas convertidas en humo a las 9.53 de la mañana del 18 de julio de 1994. A esa hora, la muerte viajó en las entrañas de una camioneta Renault Traffic y dejó una herida de sangre y fuego en la calle Pasteur 633, en el corazón de Balvanera. Ibrahim Hussein Berro, militante de Hezbollah, fue el actor material de la matanza, y su "martirio" se honra con una fastuosa placa en el sur del Líbano, allí donde las milicias chiitas han creado su particular Jihadistán.

El "partido de Dios", dedicado a convertir la bondad teológica en una maldad terrenal, conseguía, así, ser el autor del atentado terrorista más importante de la historia argentina. Años atrás, ya había matado a 18 personas en el restaurante El Descanso, de Madrid, y a 29 en la embajada de Israel, en el propio Buenos Aires.

El General Intelligence and Security Service lo considera responsable de estos y otros famosos atentados, y todas las fuentes de inteligencia creen que Hezbollah mantiene células en más de veinte países, particularmente en la opaca triple frontera.

En el Líbano, con sus misiles tierra-tierra Al-Fajr, iraníes; sus temibles Toophan -versión de los misiles estadounidenses antitanque TOW-; los sirios de alcance medio; decenas de miles de piezas de artillería ligera; aviones iraníes no tripulados Mahajer-4 y un ejército de miles de personas, es el auténtico brazo armado de Irán en la zona.

La actualidad lo sitúa en el primer plano de la tragedia del Líbano, pero trece años antes la tragedia se teñía de dolor argentino. Mañana, al sonar de las sirenas, y con el lema de "Hagamos memoria. Reclamemos justicia", los familiares y amigos alzaremos nuestro recuerdo por las 85 personas brutalmente asesinadas en la AMIA. Sus vidas quebradas serán el motor de nuestro compromiso moral.

Sin embargo, la AMIA no sólo es recuerdo de la tragedia. También es el sonoro clamor de años de impunidad, encubrimientos y mentiras, en un largo proceso judicial errático y turbio que, finalmente, ha llevado al ex juez federal Juan José Galeano y al ex titular de la SIDE Hugo Anzorreguy a ser procesados. Y, desde luego, la larga sombra de la duda alcanza al ex presidente Menem. Durante años, las familias de las víctimas han padecido una soledad clamorosa, una indiferencia lacerante e incluso a menudo, una brutal falta de piedad, hasta el punto de que hubo quien consideró que en la AMIA no habían muerto argentinos, sino judíos. Un taxista platense me llegó a asegurar que habían sido los propios judíos los que habían provocado una implosión para dar mala imagen de los árabes. Por supuesto, bajé del taxi. Así, un auténtico acto de guerra perpetrado por un país contra otro -la autoría iraní ha sido demostrada por el fiscal Nisman- se convirtió en una estricta "cuestión judía" y dejó de ser patrimonio argentino. Esta ha sido la lucha de los familiares durante más de una década: la lucha contra el olvido y contra la impunidad. Cuando parecía que eran derrotados, y que los muertos eran nuevamente asesinados, esta vez en el recuerdo, el trabajo ingente y casi heroico de Alberto Nisman ha creado unas expectativas de justicia que alcanzan dimensión histórica. Fue el revolucionario francés Emmanuel-Joseph Sieyès quien gritó indignado hace siglos: "¡Quieren ser libres y no saben ser justos!", y ésa es la esencia de la libertad, que nunca se puede fundamentar en una lacerante injusticia. Así lo debió pensar este fiscal, que, con paciencia y valentía, fue desmontando las trampas que le habían preparado. Reveló la fabricación de pistas falsas por parte de la "inteligencia" argentina, rastreó el origen del atentado en la reunión que tuvo lugar el 14 de agosto de 1993 en la ciudad iraní de Maashad, puso en evidencia al juez Galeano, que imputó falsamente a policías bonaerenses con quienes tenía cuentas pendientes. E incluso llegó a viajar a Detroit, donde vive la familia del suicida, para ratificar su autoría. Finalmente, en su fascinante dictamen de 801 páginas, Nisman hizo lo impensable: no culpó a "radicales iraníes", sino al régimen de Irán como instigador y a Hezbollah como ejecutor de la matanza. Con su valentía, la Argentina se convierte en el primer país del mundo que ha pedido a Interpol la captura de los jerarcas del régimen islamista. Ocho son los nombres imputados: Ali Rafjansani, ex presidente de Irán; Ali Fallahiján, ex ministro de seguridad; Ali Akbar Velayati, ex canciller; Moshen Rezai, ex comandante de los Pasdarán; Imad Fayez Moughnieh, ex jefe del servicio de seguridad exterior de Hezbollah; Ahmad Reza Ashgari, secretario de la embajada de Irán; Ahmad Vahidi, ex comandante de la unidad de elite Al-Quds, y, finalmente, Moshen Rabbani, ex consejero cultural de la embajada en la Argentina. El abrió una cuenta en el Deutsche Bank después de la reunión de Maashad y, según parece, compró la furgoneta. Por supuesto, abandonó la Argentina el día del atentado. Como asegura el notable ensayista Gustavo Perednik, Nisman ha sido la esperanza blanca y, contra todo pronóstico, ha cumplido con su cometido profesional y con su compromiso ético. Merece también un aplauso el juez Rodolfo Canicoba Corral, quien no dudó en firmar la resolución contra los imputados iraníes y declaró el atentado contra la AMIA como un crimen de lesa humanidad. Trece años después del atentado, los verdugos parecen no ser tan impunes y las víctimas parecen no estar tan solas. Tiempo al tiempo de la Justicia.

Pero la AMIA es algo más, quizá lo fundamental. El lúcido analista Julián Schvindlerman lo escribió en la revista Comunidades : "Junto con el imperativo ético de honrar la memoria de los caídos, tenemos un obligación práctica y moral de prevenir una repetición de análogas tragedias en el futuro". Esta es la cuestión en su raíz: situar el atentado de la AMIA en el mapa de un terrorismo que ha convertido al mundo en la línea de fuego de su unilateral guerra, y que en la AMIA hizo las pruebas de laboratorio. Más allá del chiismo y del sunnismo; más allá de las contingencias concretas de un atentado que se alentó al albur de promesas incumplidas con Irán, por parte del ex presidente Menem, y, desde luego, mucho más allá de los conflictos abiertos en el mundo, lo que mató en la AMIA fue un totalitarismo nihilista, de base teocrática, que lleva décadas gestándose en el corazón del islam rigorista, y que, en su culto a la muerte, considera objetivo militar a cualquier ser humano, incluso a los propios hijos. La misma muerte que laceró a 85 familias argentinas ha teñido de sangre el mapamundi. ¿Contamos? Más de 200, en Kenya; 4000, en Estados Unidos; 200, en Madrid; centenares, en Turquía; 400, en Bali; casi un centenar, en Londres; 400 en Beslan; centenares, en Bombay, y todo ello sin contar los miles que suman los atentados en Irak, Afganistán e Israel. Su ambición es imperial. Su ideología es totalitaria. Su liturgia es religiosa, y su objetivo somos nosotros. Es decir, cualquiera: el que viaja en un tren en Madrid; el que baila despreocupadamente en una discoteca de Bali; el que toma un subte en Londres, o el que buscaba trabajo en la mutual de la AMIA. Si algo está uniendo a las diferentes corrientes del islam fundamentalista es la guerra contra la modernidad, entendida la modernidad como el conjunto de valores que garantizan la libertad. Por eso, los atentados de Buenos Aires contienen una carga tan simbólica, porque fue aquí, un 18 de julio, en la calle Pasteur 633, y antes, un 17 de marzo en Arroyo 916, donde el terrorismo islámico empezó a mostrar su manual de estilo: muerte civil, arbitraria y masiva; gran capacidad tecnológica y financiera; gran libertad de movimientos, protegido por cancillerías de países miembros de la ONU, y una finalidad de largo plazo que, con la práctica del terror, busca la destrucción de las libertades en los países democráticos. Si además se benefician con una justicia corrupta o una indiferencia ciudadana, como pasó con la AMIA, el éxito es rotundo. Por ello, la muerte en la AMIA es una herida en el mundo. Mataron en Buenos Aires a ciudadanos argentinos, pero en realidad atentaron contra su identidad civil: la que configura una sociedad libre.

Mañana, a las 9.53, recordaremos sus vidas rotas y volveremos a comprometernos con la libertad. Los pueblos que no tienen memoria del horror no tienen futuro.



Link corto: http://www.lanacion.com.ar/926268

La vampirización del Líbano

Martes 12 de Junio de 2007
Noticias Buscador Nota
La vampirización del Líbano

Por Pilar Rahola
Para LA NACION



Esa antipática pregunta del millón. ¿Qué pasaría si la ofensiva del ejército libanés contra las milicias terroristas afincadas en su territorio fuera perpetrada por el ejército israelí? Correrían ríos de rabia, las calles se llenarían de manifestantes chillones y en los rincones del odio se quemarían banderas con la estrella de David. En mi país, España, las Marujas Torres que abundan en las redacciones del prejuicio y el tópico vomitarían la bilis que les genera Israel y el mundo se prepararía para la enésima condena. Por supuesto, los países más libres del planeta, entre ellos las dictaduras árabes, pedirían la repulsa contra Israel y, en las universidades, nuestros jóvenes se pondrían las kefías de la solidaridad virtual. En algún rincón de la gran Persia, un siniestro totalitario amenazaría nuevamente con la destrucción del "ente sionista", y el ruido del nuevo antisemitismo que corroe al mundo haría aún más sonoro el pesado silencio de los intelectuales con criterio.Y así repetiríamos episodios reincidentes que, desde hace décadas, demonizan hasta el delirio al pequeño país hebreo. Culpable si se defiende. Culpable si mata a sus enemigos. Culpable si lo matan. Culpable por intentar existir y culpable por no haber sido vencido en las guerras que ha tenido que sufrir. El principal delito de Israel es, para muchos, haber resistido. Lo dijo el premio Nobel Imre Kertész: "Dios mío, qué bien que pueda ver la estrella judía sobre los tanques israelíes y no cosida sobre mi ropa como en 1944". Y no hacía un alarde de militarismo, contrario a su ideario: constataba que el judío, después de siglos, era capaz de defenderse. Ahora, un año después y sin el acoso y derribo que sufre Israel, el ejército del país del cedro está intentando hacer lo mismo que hizo el ejército israelí: liberar a su territorio de la actividad terrorista que atenta contra su integridad. Una actividad que ha llegado a convertir al Líbano en el hangar desde donde se dispara toda la parafernalia del discurso de aniquilación de Israel. En cierta medida, para los países de la zona implicados en el terrorismo y para los propios militantes fundamentalistas, el Líbano es un cuerpo ideal para parasitar, perfecto para plantar tiendas, montar campos de entrenamiento, transportar armas, adoctrinar cerebros y preparar la enésima ofensiva bélica. De hecho, Siria lo ha ocupado durante años ante la pasividad del mundo, cuya única preocupación se sitúa, siempre, kilómetros al sur de Tiro y Sidón. Los centenares de libaneses, como recuerda George Karim Chaya, maronita exiliado, que tuvieron que huir después de la ocupación siria, nunca fueron problema de nadie. Como no lo fueron los pueblos cristianos masacrados por las milicias de Arafat, o la lenta y efectiva creación de lo que el arabista francés Jean-Pierre Filiu llama un Jihadistan, un territorio físico, armado y blindado donde plantar la bandera del territorio simbólico al que aspira el jihadismo. Y donde preparar las muchas guerras en las que está implicado. De hecho, se trata de un proceso de canibalismo que ya se ha desarrollado en las montañas de Chechenia, en los montes de Cachemira, en las selvas de Filipinas, en las sabanas de Somalia, por supuesto, en Irak. Del somalí Sharif Sheik Ahmed al grupo filipino Abu Sayyaf, de las huestes del desaparecido checheno Shamil Basayev a los militantes paquistaníes de Lashkare Toiba, del Estado islámico iraquí al propio Ben Laden, pasando por Hamas y por el indonesio Jemaah Islamiyah, todos ellos son clones del Fatah al-Islam libanés que está combatiendo el ejército del Líbano. Usan causas coyunturales, pero su objetivo es planetario, y es totalitario. Que nadie llegue a la estupidez de creer que estamos ante movimientos de liberación. Muy al contrario: son movimientos contra la libertad. La pregunta, sin embargo, es la pertinente: ¿cómo hemos llegado hasta un Líbano secuestrado por ejércitos ajenos a menudo más fuertes que el propio ejército del país? Este es mi personal catálogo de causas, más allá de las tópicas que se usan para reducir al cómodo simplismo un incómodo y complejo conflicto. La primera causa tiene que ver con la vampirización que los países árabes han hecho del Líbano, considerado el patio trasero para hostigar a Israel y complicar el problema palestino. No sólo se ha invadido el territorio y se han financiado todo tipo de milicias, sino que desde el Líbano se ha atacado al eterno enemigo. Los países de la zona, y Siria e Irán en particular, nunca se han tomado en serio la independencia de la pequeña república. Solo así se entiende cómo Siria pudo ocuparla impunemente durante décadas. No recuerdo, por ejemplo, que ningún país árabe pidiera la retirada siria del Líbano. Y, por supuesto, tampoco conmovió nunca a los habituales manifestantes antiimperialistas, ni a la bonita ONU. Otro motivo, paralelo, fue el uso privado del Líbano que perpetró Arafat y que llevó al famoso error histórico israelí de meterse en el barrizal libanés. En el Líbano, el problema palestino pasó de ser una triste consecuencia de la Guerra de los Seis Días a ser un tema enquistado y usado como ariete para destruir a Israel. Fue en el Líbano donde realmente se creó el problema palestino, una diáspora permanente de miles de personas, metidas en campos imposibles, y a las que no se les permitió tener ninguna otra nacionalidad que la palestina, para que el problema humano fuera un problema irresoluble. La radicalización de esos campos era una crónica anunciada. Por preguntar, ¿nos imaginamos qué hubiera ocurrido si los millones de alemanes desplazados del Oder-Neisse (la famosa "línea Curzon"), después de la Segunda Guerra Mundial, hubieran sido metidos en campos, convertidos en refugiados eternos y usados como ariete contra Polonia? Eso hicieron los árabes, con los árabes que habían huido de las guerras con Israel: usarlos como estrategia militar. El resultado es el actual. Lo dijo el cristiano palestino Elias Joury, citado por el profesor de la University of Western, de Ontario, Salim Mansur, en un artículo reciente: "Palestina no es un país que tenga bandera. Palestina es una condición. Todo árabe es palestino...". Es decir, lo palestino es una ideología, y, como tal, el uso de los palestinos a favor de esa ideología es una estrategia lícita. Así lo han pensado desde los marxistas de los países árabes de primera hora hasta los nacionalistas panarabistas, pasando por los islamistas radicales. Y si lo palestino es munición ideológica, el Líbano ha sido el cuartel de batalla. De las guerras presentes, y de las guerras pensadas para el futuro. Desde hace años, estas guerras tienen en el jihadismo su abono ideológico, en lo palestino su excusa y en la creación de un califato islámico planetario su sueño totalitario. Contra todo esto lucha el ejército libanés. No se trata, pues, de una simple contingencia violenta. Se trata de una auténtica ofensiva de liberación nacional. El Líbano es un país secuestrado, ocupado por miles de militantes de una ideología destructiva, profusamente financiados desde el extranjero. O se libera de esta pesada carga o toda la zona será rehén del jihadismo criminal.
www.pilarrahola.com
Link corto: http://www.lanacion.com.ar/916553
Rincón gaucho

El tren, un viaje al pasado pampeano en primera persona

Las memorias de Nelso Prina, ex empleado ferroviario, despiertan la reflexión sobre el desarrollo de nuestro territorio

REALICO.- Nelso Prina tiene ahora 80 años. Cinco años atrás, cuando leyó en LA NACION una entrevista con el periodista español Juan José Millás, quien sostenía que una biografía personal es el mejor regalo para un hijo, decidió dedicarse a hilvanar recuerdos sobre su vida y su trayectoria como ferroviario, para los suyos.
En esa historia -la de un hombre que se considera sencillo- aparecen referencias sobre pueblos que se proyectan en el tiempo como fantasmas, que se esconden en los patios y salen a vagar entre un eco de adioses.
¿Cuántas veces habrá visto el joven empleado del ferrocarril "de los ingleses" apearse de un sulky a un hombre de bombachas y pañuelo al cuello, con el sombrero calado hasta los ojos, mientras su mujer apuraba el gesto de peinar el jopo del hijo? Claro: se iban en tren a Buenos Aires. Llevaban la vieja manta del abuelo, para aliviar la dureza del asiento de pinotea en segunda clase y una bolsa con comida (una gallina hervida, galletas, una botella de agua y una de tinto para el jefe de la familia; la torta de chicharrones iría envuelta aparte para que no se mezclaran los olores).
Nacido en Realicó el 11 de enero de 1927, por mediación de Hortensia de Lyons (esposa del superintendente comercial de los Ferrocarriles Sud, Oeste y Midland, en General Pico) ante el mayor Oscar Lowenthal -gerente general de los ferrocarriles y técnico ferroviario de larga y descollante actuación en ramales de México, Brasil y Chile y sus nexos con los de Argentina-, con sólo 14 años Nelso Prina quedó designado office boy , con un sueldo de 80 pesos, cuando el personal común ingresaba con 60 pesos, pero con el compromiso de realizar tareas de dependiente séptimo, o sea, la categoría inicial en la carrera administrativa del ferrocarril.
Después recorrió todo el escalafón en el Ferrocarril Sarmiento hasta llegar a jefe de promoción de los ferrocarriles Roca y Sarmiento, cuando en 1971 se unificaron. El 1° de agosto de 1983 renunció a su cargo para integrarse como funcionario en el Centro de Acopiadores de Cereales.
Paisaje de la memoria
Es notable cómo los ruidos -en especial, nocturnos- inquietan o producen acostumbramiento hasta convertirse en remotos vaivenes del sueño. El de los trenes perdura en los pueblos, y en el hombre de espíritu ferroviario hasta la anécdota familiar queda como parte ineludible de su condición laboral. Prina cuenta que, cuando nació, su padre recién ingresado al por entonces Ferrocarril Oeste, no estaba presente porque había sido ubicado en calidad de cambista en la última estación de este ferrocarril de la línea a Colonia Alvear, Mendoza, denominada Soitué.
Ennegrecido porque había que quemar el pasto para que no entorpeciera el paso de máquinas y vagones, el exacto espacio que mediaba entre alambrados y el silencio hacía vislumbrar los ocres y los verdes en simultáneo ritmo que estallaba en frutos hacia la cordillera. Entre chañarales y polvaredas, ortigas y yuyales y huesos blancos de tanta intemperie, matizaban el recorrido de 600 kilómetros que resultó -en tanta lejanía- la definición de una parábola personal y de destino de país.
Lo que cuenta Prina tiene vigencia de gestión en la actualidad, con la conformación del consorcio Unión Pacífico entre municipios del sur mendocino, San Luis y La Pampa, entre los que figura Realicó. "La construcción de la línea ferroviaria que superara a la estación Colonia Alvear tenía como finalidad que el Ferrocarril Oeste llegara a Chile por el paso El Pehuenche, con habilitación permanente para el cruce de la cordillera de los Andes. Tanto es así -corrobora- que a la décima locomotora se la denominó «Voy a Chile». El proyecto quedó trunco a pocos kilómetros de Soitué (un simple edificio, por entonces, de madera y chapa) pues por razones políticas que desconozco, se decidió que la conexión a Chile partiera de la ciudad de San Rafael, pero ese ramal quedó inconcluso en Malargüe, por problemas operativos."
Punto de partida
De los tiempos de infancia, las imágenes aparecen nítidas cuando un nombre las convoca. Soitué -que en lengua pampa significa "cosechando algarrobo"-, es la palabra mágica que busca rastros en el paraíso mental del hombre que cuenta su propia historia, la de cuando recién nacido habitaba junto a sus padres en un vagón de carga preparado para vivienda, con una cocina de adobe construida a la par. Allí bebían agua traída en vagones cisterna porque la de la zona era de muy mala calidad.
O cuando se dibujan en su retina los personajes de Soitué: el gaucho Vargas -de impecables botas negras y rastra de plata- que un atardecer ultimó de una puñalada en pelea de boliche a un chileno que lo había enfrentado con un revólver; el turco del almacén, o el viejito que en una dependencia abandonada del ferrocarril tejía ponchos con lana de guanaco o vicuña.
Soitué, donde conoció el primer ventilador (más bien, espantamoscas) ideado por la familia López, "que consistía en un par de aletas ubicadas sobre la mesa de la cocina, movidas mediante un ingenioso sistema de pedal y polea". Soitué, desde donde viajaban una vez por semana hasta Colonia Alvear para aprovisionarse de víveres, ropa y enseres (de los que allí se carecía) montados en un velocípedo, un vehículo de tres ruedas apto para circular por las "paralelas de hierro", que descarriló en uno de los viajes y trajo aparejada una quebradura en la pierna derecha cuando todavía no había cumplido un año (¿será por eso la chuequera?).
En los numerosos viajes, gobierno tras gobierno (política ferroviaria afín a los ideales de turno), anécdotas, trabajo y amigos dispersos contribuyeron a jalonar hechos y acontecimientos que, de golpe, vuelven todos hilvanados como recuerdos.
Mientras se preparaba el terraplén para el tendido de las vías que llegarían hasta Chile, allá, en Soitué, donde su padre "iba colocando ramas de tamariscos que, con el correr del tiempo se convirtieron en frondosos ejemplares que aun se conservan", según refiere con emoción Nelso Prina. Sabe que le bastaría con arrancar una astilla de esos árboles para adivinar la hora del regreso. El tren, hierro, silbato y un hondo suspiro que rechina cuando entorna los párpados.

Por Gladys Sago

Para LA NACION

http://www.lanacion.com.ar/913617
Martes 8 de Mayo de 2007
Noticias Buscador Nota
El catecismo de Mafalda

Por Pilar Rahola
Para LA NACION





Formó parte de nuestra educación sentimental. Respiraba nuestra misma perplejidad, formulaba las mismas inquietas preguntas, alentaba utopías parejas y, en su paisaje cotidiano, las mismas Susanitas y Manolos pintaban las emociones y los días. Mafalda fue la sutil compañía, la conciencia cercana, y todo lo que representó sigue con nosotros para siempre. De hecho, transgeneracional como todo grande, Quino ha conseguido que Mafalda sea amiga de nuestros hijos, hermana mayor de los Guilles que se pasean por los rincones de nuestra felicidad. El título, pues, de este artículo, es lo que parece, un sentido y agradecido homenaje. Sensible, comprometida y, a pesar de todo, deliciosamente niña, Mafalda siempre será de una sola pieza.

¿Son de una sola pieza los Mafaldos que pululan por las esquinas del pensamiento, por los despachos de algunas cancillerías, por las cátedras impolutas de múltiples universidades, por las calles de la pancarta y el grito? Toda esa progresía, heredera de las utopías de izquierdas que intentaron cambiar el mundo, ¿mantiene intactos los criterios morales que las movilizaron? Y más aún, ¿mantiene el compromiso con la libertad?

Las banderas que blanden son las de siempre, la propia de la libertad, la solidaridad, la justicia social, la lucha contra la marginación, y así hasta completar la lista del catecismo del buen pastor de izquierdas. Poco o nada tengo que decir contra esas banderas que, sin paliativos, son las mías. Pero mucho hay que decir sobre algunos de los que se han apropiado de ellas, y, desde la atalaya de su soberbia ideológica, nos castigan con su verbo airado. Ya hablé, en otra ocasión, de los D Elía y Bonafini, eficaces lacayos del pensamiento reaccionario de izquierdas. Pero más allá de los peones que se mueven por el tablero, con más ruido que inteligencia, existe una sólida corriente de izquierdas que, a pesar del efectismo de su retórica, está traicionando seriamente la ley de leyes, la Carta de Derechos Humanos.

No es nueva esa traición, y ahí están las víctimas de las dictaduras de izquierdas clamando su lugar en el sol del recuerdo, sospechosas por el hecho de haber muerto bajo balas amigas, esos bellos dictadores que leían a Lenin y mataban como Goebbels. Y que algunos aún cabalgan, cual patéticos jinetes con zapatillas, por las islas de nuestras revoluciones adolescentes.

Hoy, como ayer, existen víctimas que no conmueven, dictaduras que no movilizan, terrorismos que no indignan, esclavitudes que no arañan las paredes de la conciencia, y todo ello pasa mientras tomamos las calles para gritar contra la injusticia.

Diversas son las traiciones morales que la izquierda está perpetrando, en nombre de los mismos principios que dice defender. Con un añadido fundamental: más allá de los gobiernos que cada cual elige, los ciudadanos otorgan un plus de prestigio a los intelectuales y a los movimientos de izquierdas, hasta el punto de que un pensador de derechas sólo puede equivocarse una vez, antes de hundirse. La izquierda puede perpetrar una vida de errores, y mantiene intacto el prestigio.

¿Sirve el ejemplo de Saramago? Defendió a Stalin como libertador, estuvo a favor del Muro de Berlín, considera a Chávez y a Castro como referentes legítimos e, incluso, entró en las listas del PC portugués, el más jurásico de los partidos comunistas del mundo, si obviamos la excepción de Corea del Norte, que detenta el honor de ser el mayor dinosaurio. Sin embargo, Saramago vocifera contra los yankees, clama contra la maldad judía, disculpa al terrorismo islamista, repite los tópicos sudados de la corrección política, y las universidades del mundo babean de complacencia, lo elevan a los altares y lo consideran un ejemplo de intelectual comprometido. ¡Qué importa que haya defendido a alguno de los asesinos más importantes de la historia reciente! ¡Qué importa la quiebra moral que ello significa! Cumple felizmente con el primer mandamiento del catecismo progresista, y eso lo convierte en ícono de la izquierda reaccionaria: "Odiarás a USA sobre todas las cosas, y a Israel como si fuera lo mismo". Si tuviera que definir este progresismo de doble moral, lo haría usando su propio concepto de solidaridad: un concepto bizco, que llora por un ojo a las víctimas que le gustan, y por el otro disculpa a los asesinos que no le disgustan.

Por supuesto, estoy a favor del pensamiento crítico con el accionar norteamericano, y practico esa convicción tanto respecto de su política en la región como en el caso de Irak. Pero el pensamiento crítico es un compromiso integral, que no permite extrañas ambigüedades. El problema de los Mafaldos no es contra quién luchan, sino contra quién no luchan ni levantan banderas. Subidos al orgasmo permanente de la caza al yankee malvado y al perverso israelí, se les escapan vivos todos los dictadores del planeta. Es decir, les preocupan más los errores de los demócratas que las locuras de los tiranos.

Hablé de traición moral. Permítanme. Traición a las mujeres que viven bajo las tiranías islámicas, sin ningún derecho, abandonadas a su suerte, culpables de no ser esclavizadas por alguna democracia occidental. Su dolor no preocupa a ningún vocero de la izquierda auténtica. No está en el catecismo del buen progre luchar por las víctimas del islam. Traición a la libertad, minimizado el terrorismo nihilista, perdonados los suicidas "jihadistas", reconvertidos en milicianos los fanáticos enloquecidos que matan a decenas de personas en los autobuses de Jerusalén o en los mercados de Bagdad. ¿Se han fijado que si matan americanos o judíos, son resistentes, pero si matan españoles o ingleses, son terroristas? Los mismos. Su mismo totalitarismo nihilista. La misma financiación. La misma tecnología vía satélite, conectada a la Edad Media. Pero distinto rasero.

Traición a la tolerancia, con ese coqueteo desacomplejado con el nuevo antisemitismo que corroe al mundo. Traición a la inteligencia, convertida la ideología en una religión, y las ideas en dogmas de fe. Y, finalmente, traición a la solidaridad, cuya bandera manchan de tanto usarla como munición demagógica. El mundo, sin duda, no vive un tiempo de luz. Pero la izquierda tendrá que preguntarse qué culpa tiene en esa oscuridad. Tanto por las palabras que dice como por los silencios que otorga. ¿No será que los Mafaldos han traicionado a Mafalda?

La autora, española, es periodista y filóloga.

Link corto: http://www.lanacion.com.ar/906648
Sábado 31 de Marzo de 2007


Rincón gaucho


Rosa Chiquichano, sus ancestros tehuelches y el origen del quillango


Esta descendiente del cacique, que fuera compañero de aventuras de Musters, lució aquel abrigo al recibirse de abogada


Rosa Chiquichano, tehuelche de origen, después de una trayectoria signada por los sacrificios y la voluntad inquebrantable, recibió su título de abogada cumplidos ya los 52 años, luego de tres años y medio de estudios intensos.

El hecho, por sí, merece nuestra atención y vale la pena, a la vez, señalar un detalle pintoresco y significativo: a la ceremonia de entrega del diploma, el 30 de agosto de 1999, la profesional se presentó en la sede Esquel de la Universidad de la Patagonia envuelta en un quillango. Porque Rosa Chiquichano es la primera y única abogada tehuelche, y tehuelche con todas las de la ley, ya que desciende en línea directa del famoso cacique Juan Chiquichano, su tatarabuelo, compañero de aventuras de George Chaworth Musters, el llamado "Marco Polo de la Patagonia", que fuera también protector de los primeros colonos galeses desembarcados en Puerto Madryn en 1865, a los cuales facilitó un predio para que pudieran construir una escuela en Yalalau Bat, edificio de adobe que aún permanece en pie y en el que, además, ofició de maestro para los recién llegados.
En su libro Vida entre los patagones , Musters describe al cacique Chiquichano: "Vi -dice- que era un indio muy inteligente, que hablaba correctamente el español, el pampa y el tehuelche; nuestra relación iniciada así se convirtió luego en una fuerte amistad recíproca".

El renombrado Rodolfo Magin Casamiquela en su Toponimia indígena del Chubut consigna que Juan Chiquichano era aónikenik por parte de padre, que se llamaba Yimaico, y pertenecía al grupo étnico tehuelche-pampa por parte de su madre, de la parcialidad Gününa Kena, que hablaba el araucano y ambas lenguas patagonas y que los galeses lo tenían por tehuelche. Y para agregar ancestros, digamos que también es descendiente del bravo cacique Yëmul Yanquetruz, cuyo nombre cristiano era José María. Para aclarar, digamos que los aónikenk o tehuelches del Sur eran un pueblo que habitaba la zona comprendida desde el río Santa Cruz hasta el Estrecho de Magallanes y, por el Oeste, los piedemontes cordilleranos; su vestimenta típica era el quillango, palabra que deriva de la voz pampa quilla que quiere decir manta o rebozo y que es corrupción de la palabra araucana iculla , aunque algunos autores confunden el término "quillango" con la voz guaraní quipayi y escriben quillapi como sinónimo de quillango o Kai Ajnún (Kai, manta; Ajnún, pintada), específicamente una capa compuesta por trece pieles de guanacos pequeños o "chulengos", es decir, guanacos nonatos o de crías no mayores a dos meses.

No obstante, también empleaban otra clase de pieles, como las del puma, zorros, gato montés, zorrino, caballo, vacuno y hasta cuero de avestruz, con el pelaje siempre hacia el interior y dejando el cuero exterior para adornarlo con pinturas decorativas con formas geométricas de Choiols , o sea, representaciones de la Cruz del Sur. Pero esta vestimenta no fue solamente usada por los tehuelches del Sur.

La usaron también los onas, pero con la piel hacia el exterior. Otros que eran afectos a cubrirse con quillangos -aunque muy lejos de ahí- eran los matacos-wichis, aunque en este caso valiéndose de pieles de nutria, venado o zorro, con el pelaje hacia el interior, como asimismo los usaban los charrúas.

Bueno es recordar, de paso, que en las formaciones de la Sierra Grande, en Río Negro, se produjo el encuentro y la fusión entre tehuelches y araucanos chilenos que invadieron la Patagonia en el siglo XVIII, lo que en parte dio como resultado a los que hoy conocemos como mapuches, continuadores igualmente de la costumbre de usar quillango.

Lo cierto es que Rosa Chiquichano quiso ser fiel a sus antepasados y mostrarse como verdadera tehuelche el día de su graduación luciendo un quillango o Kai Ajnún , confeccionado hace más de un siglo por las mujeres de su raza con 24 cueros de guanacos "chulengos" cosidos con la vena del cogote de guanacos adultos, uno de los seis quillangos originales que se conservan en la Patagonia y que le fue enviado desde Río Gallegos por el investigador Mario Echeverría Boleta, experto en costumbres tehuelches.

Por Silvia Long-Ohni

Para LA NACION

http://www.lanacion.com.ar/895845