Carta argentina para un libro pequeño
09/10/2007 - 12:30:00
Autor:
http://www.continental.com.ar/noticias/490997.asp
Desde el jueves un cajero automático de Las Heras y Agüero nos sorprenderá como un prestidigitador tecnológico: no expenderá dinero sino libros. Libros tan pequeños como un atado de cigarrillos, pero de autores de tamaño extra large. Ese fenómeno físico, estético y ético costará un peso: el valor de la moneda que habrá que colocar en la ranura para recibir no uno sino dos libros mínimos, pero máximos. De autores como José Martí, Lucio V. Mansilla, Groussac o Sarmiento. El cajero está frente a la Biblioteca Nacional en el apeadero llamado Witold Gombrowicz; aquel escritor polaco, admirado por Sábato, que vivió y escribió en la Argentina, autor de la novela “Ferdidurke”, fantástica en los dos sentidos.
La idea nace de la dirección de la Biblioteca Nacional, de su director Horacio González. La impresión y diseño de los libros son de Leopoldo Kuslesz fundador de la editorial El Zorzal.
Les voy a contar algo de este tipo llamado Kuslesz. Es un joven matemático que vino al país luego de una larga estadía europea y después de haber cursado allá estudios superiores. El título de matemático desde ya anticipa alguna inteligencia. De modo que verlo regresar al país en aquellos años de la crisis y listo para encarar un proyecto editorial parecían contradecirlo.
Un día, en un encuentro casual, y en plena hecatombe del corralito, cuando muchos que ahora claman por el tomate, machacaban con sus zapatos de tacos altos y bastones las puertas bloqueadas de los bancos, Kuslesz me regala su primer libro editado en la Argentina: “Leyendo a Euclides”.
De paso me “desasnaba” de lo poco que sabía de ese geómetra griego de la escuela de Platón. Creo recordar que al recibir el libro le dije como agradecimiento: “¿Justo ahora venís a poner una editorial en la Argentina? Como cálculo matemático no parece un acierto”. Se sonrió y me dijo: “Esto pasará. Y aunque no pase me quedo”. Al poco tiempo fue el editor de esa obra de Silvia Bleichmar, “Dolor país”, que cundió como un reguero. Y sigue editando.
Ahora, llega este cajero automático que expende libros a un peso.
Precio simbólico. Hasta un indigente o un niño que en vez de ir al quiosco cambie de rumbo, podrían comprarlos. Aquel joven que volvió a la Argentina cuando todos se iban es el que los imprime y edita.
Esta carta es pequeña y la historia también.
Poniendo una moneda en la ranura se reciben dos libros. Por tantos agoreros que tiran pálidas, hay argentinos que te dan esperanzas.
Ayer en Luján reapareció el Demonio
10/08/2007 - 12:10:00
Autor:
http://www.continental.com.ar/noticias/490478.asp
Sí, volvió el demonio. El cardenal Bergoglio lo agitó ayer ante los peregrinos a Luján. Ya desde chiquitos nos aterran con sus cuernos y su cola y su tenedor gigante. Y nos lo hacen ver con ese vestuario colorado de diseño ajustado al cuerpo que le sienta tan gracioso y ambiguo como el maillot y las calzas a Batman.
El negocio del Demonio es el infierno. El de Dios es el cielo. No se entiende por qué un tipo hipotéticamente tan bueno como Dios sigue manteniendo ese dúo con el infierno. Por qué no lo apaga y en su lugar hace un Spa. O lo disuelve como se disolvió El Limbo. Tampoco se entiende cómo mientras el Diablo puede sobrevivir feliz entre las llamas y con semejante calor, los castigados al infierno se achicharran y se retuercen de dolor eternamente. Todo es muy raro.
Hasta que en un maravilloso día de sol como el de ayer, al cardenal se le diese por invocar al demonio. ¿Para qué despertarlo y andar ventilando que es el gran mentiroso. ¿Por qué no dejarlo tranquilo?
Bueno a lo mejor Dios no funciona sin el demonio. Porque sin el Demonio no tendría sentido Dios. El Demonio es de esas cosas tan funcionales que si no existiera habría que inventarlo. Es como el “Cuco” de los niños, sólo que el cuco se acaba cuando uno es adulto. En cambio el Demonio amenaza hasta a los pobres viejecitos, que da pena que los manden al infierno por algo que hicieron hace mucho.
Es cruel y vengativo mandar al horno a un abuelito centenario por haber cometido un estropicio cuando tenía veinte años. ¿Por qué tanto rencor y vendetta retroactivos? Dios no es de los pagos de Corleone ni se entrenó en Guantánamo.
“Todos sabemos -dijo Bergoglio- que hay alguien que no quiere la verdad y Jesús le puso un nombre a quien nos dibuja escenarios de mentira: es el Demonio. Nos engaña. Nos promete y no nos paga. Es el padre de la mentira”.
Pero ¿Quién es el Demonio? ¿El Tomate? ¿Que nos engaña haciéndole creer al periodismo verdulero que es el alimento primordial, cuando es un artificio sin semillas, sin pulpa y sin sabor sin el cual se podría vivir toda la vida?
A las metáforas religiosas hay que saber interpretarlas. Quizás el cardenal quiso decir que el padre de las mentiras es el sacerdote Von Wernich. Aunque hubo peores, porque teniendo poder se lavaron las manos.
A lo mejor, cuando el cardenal nos asusta que hay mentirosos que muestran vidrios de colores y hacen creer que son joyas preciosas, estaba recordando la historia del 12 de octubre. Cuando en nombre de la cruz los conquistadores les mostraban a los indios vidrios de colores para que ellos les retribuyeran con el oro.
Tiene razón Bergoglio. El demonio es un mentiroso. Y vive lo más campante entre los ateos, los agnósticos, los laicos y los religiosos.
10/08/2007 - 12:10:00
Autor:
http://www.continental.com.ar/noticias/490478.asp
Sí, volvió el demonio. El cardenal Bergoglio lo agitó ayer ante los peregrinos a Luján. Ya desde chiquitos nos aterran con sus cuernos y su cola y su tenedor gigante. Y nos lo hacen ver con ese vestuario colorado de diseño ajustado al cuerpo que le sienta tan gracioso y ambiguo como el maillot y las calzas a Batman.
El negocio del Demonio es el infierno. El de Dios es el cielo. No se entiende por qué un tipo hipotéticamente tan bueno como Dios sigue manteniendo ese dúo con el infierno. Por qué no lo apaga y en su lugar hace un Spa. O lo disuelve como se disolvió El Limbo. Tampoco se entiende cómo mientras el Diablo puede sobrevivir feliz entre las llamas y con semejante calor, los castigados al infierno se achicharran y se retuercen de dolor eternamente. Todo es muy raro.
Hasta que en un maravilloso día de sol como el de ayer, al cardenal se le diese por invocar al demonio. ¿Para qué despertarlo y andar ventilando que es el gran mentiroso. ¿Por qué no dejarlo tranquilo?
Bueno a lo mejor Dios no funciona sin el demonio. Porque sin el Demonio no tendría sentido Dios. El Demonio es de esas cosas tan funcionales que si no existiera habría que inventarlo. Es como el “Cuco” de los niños, sólo que el cuco se acaba cuando uno es adulto. En cambio el Demonio amenaza hasta a los pobres viejecitos, que da pena que los manden al infierno por algo que hicieron hace mucho.
Es cruel y vengativo mandar al horno a un abuelito centenario por haber cometido un estropicio cuando tenía veinte años. ¿Por qué tanto rencor y vendetta retroactivos? Dios no es de los pagos de Corleone ni se entrenó en Guantánamo.
“Todos sabemos -dijo Bergoglio- que hay alguien que no quiere la verdad y Jesús le puso un nombre a quien nos dibuja escenarios de mentira: es el Demonio. Nos engaña. Nos promete y no nos paga. Es el padre de la mentira”.
Pero ¿Quién es el Demonio? ¿El Tomate? ¿Que nos engaña haciéndole creer al periodismo verdulero que es el alimento primordial, cuando es un artificio sin semillas, sin pulpa y sin sabor sin el cual se podría vivir toda la vida?
A las metáforas religiosas hay que saber interpretarlas. Quizás el cardenal quiso decir que el padre de las mentiras es el sacerdote Von Wernich. Aunque hubo peores, porque teniendo poder se lavaron las manos.
A lo mejor, cuando el cardenal nos asusta que hay mentirosos que muestran vidrios de colores y hacen creer que son joyas preciosas, estaba recordando la historia del 12 de octubre. Cuando en nombre de la cruz los conquistadores les mostraban a los indios vidrios de colores para que ellos les retribuyeran con el oro.
Tiene razón Bergoglio. El demonio es un mentiroso. Y vive lo más campante entre los ateos, los agnósticos, los laicos y los religiosos.
Hoy, 5 de octubre, no me pasa nada
05/10/2007 - 12:10:00
Autor:
http://www.continental.com.ar/noticias/489429.asp
Todos cumplimos años todos los años hasta que ya no cumplimos. Yo hoy cumplo setenta. Si fuera uno de esos insectos que viven un solo día ya andaría por al atardecer. Si fuera un perro tendría como diez años y en invierno me pondrían una mantita escocesa en el lomo. Si fuera uno de esos habitantes del Cáucaso o de Mongolia, que llegaron a vivir más de un siglo, todavía tendría expectativas de llegar a la era en que para los argentinos inteligentes el tomate sea una insignificancia que no merece tanto lío.
Si fuera un artista genial sería como Goethe, que terminó de escribir Fausto después de los ochenta. Si fuera un sabio me desprendería de muchas cosas. Y si tuviera más coraje también.
Hoy cinco de octubre en pleno Libra cumplo setenta años. Gasté ilusiones, gasté tiempo, gasté pensamientos, gasté amores, gasté alegrías y tristezas y sigo teniendo la ingenua esperanza de que lo que gasté se repone y renueva hasta que un día se seca. Los grandes simbolistas Chevalier y Gheerbrandt dicen de Libra: “séptimo signo del zodíaco, enlazado con el número 7, signo del equilibrio de lo cósmico y lo psíquico; entre el yo espiritual y el yo exterior. Busca desde su punto central nivelar los platillos del motor y del freno, del impulso y la retención”.
Aquí estamos siempre más atraídos por el impulso que por el freno.
Estamos con el pasado y el presente, y ante el enigma del futuro. Sería bueno vivir doscientos años como un quelonio de Galápagos pero sin caparazón y sin esa piel arrugada de tortuga.
O sentir que entre el peso de la idiotez que cada uno carga encima, y el peso de la lucidez, la idiotez pese menos cada día. Me doy cuenta, con alguna inquietud, que cada instante que pasa soy el viejo entre los más jóvenes. Y soy el “maestro ciruela” que los engaña porque aprende más de ellos que lo que aparenta enseñarles. Y los jóvenes a su vez me engañan simulando que aprenden cuando en verdad saben que me enseñan. No tuve la gran vida aventurera del que escaló el Himalaya ni la del que se sumergió en las profudidadess oceánicas, ni la del astronauta que navega por los cielos remotos.
Tuve hijos, planté árboles escribí libros. Promedio estándar. Lo único que a los setenta años me hubiera gustado ser, y no soy, es un hombre menos irritado con la intolerancia y la mediocridad. Es que me irrito porque yo también soy mediocre e intolerante, aunque no siempre. El mejor lema para mi es ese del poeta Horacio que dice: "Carpe diem" (aprovecha tu día). Quiere decir no desperdicies la vida que te toca. Agarrala con lo que sea hasta con el último diente que te quede.
Hoy no comeré tomate. Pero con mi pequeña familia íntima comeré ostras.
Perché mi piace.
05/10/2007 - 12:10:00
Autor:
http://www.continental.com.ar/noticias/489429.asp
Todos cumplimos años todos los años hasta que ya no cumplimos. Yo hoy cumplo setenta. Si fuera uno de esos insectos que viven un solo día ya andaría por al atardecer. Si fuera un perro tendría como diez años y en invierno me pondrían una mantita escocesa en el lomo. Si fuera uno de esos habitantes del Cáucaso o de Mongolia, que llegaron a vivir más de un siglo, todavía tendría expectativas de llegar a la era en que para los argentinos inteligentes el tomate sea una insignificancia que no merece tanto lío.
Si fuera un artista genial sería como Goethe, que terminó de escribir Fausto después de los ochenta. Si fuera un sabio me desprendería de muchas cosas. Y si tuviera más coraje también.
Hoy cinco de octubre en pleno Libra cumplo setenta años. Gasté ilusiones, gasté tiempo, gasté pensamientos, gasté amores, gasté alegrías y tristezas y sigo teniendo la ingenua esperanza de que lo que gasté se repone y renueva hasta que un día se seca. Los grandes simbolistas Chevalier y Gheerbrandt dicen de Libra: “séptimo signo del zodíaco, enlazado con el número 7, signo del equilibrio de lo cósmico y lo psíquico; entre el yo espiritual y el yo exterior. Busca desde su punto central nivelar los platillos del motor y del freno, del impulso y la retención”.
Aquí estamos siempre más atraídos por el impulso que por el freno.
Estamos con el pasado y el presente, y ante el enigma del futuro. Sería bueno vivir doscientos años como un quelonio de Galápagos pero sin caparazón y sin esa piel arrugada de tortuga.
O sentir que entre el peso de la idiotez que cada uno carga encima, y el peso de la lucidez, la idiotez pese menos cada día. Me doy cuenta, con alguna inquietud, que cada instante que pasa soy el viejo entre los más jóvenes. Y soy el “maestro ciruela” que los engaña porque aprende más de ellos que lo que aparenta enseñarles. Y los jóvenes a su vez me engañan simulando que aprenden cuando en verdad saben que me enseñan. No tuve la gran vida aventurera del que escaló el Himalaya ni la del que se sumergió en las profudidadess oceánicas, ni la del astronauta que navega por los cielos remotos.
Tuve hijos, planté árboles escribí libros. Promedio estándar. Lo único que a los setenta años me hubiera gustado ser, y no soy, es un hombre menos irritado con la intolerancia y la mediocridad. Es que me irrito porque yo también soy mediocre e intolerante, aunque no siempre. El mejor lema para mi es ese del poeta Horacio que dice: "Carpe diem" (aprovecha tu día). Quiere decir no desperdicies la vida que te toca. Agarrala con lo que sea hasta con el último diente que te quede.
Hoy no comeré tomate. Pero con mi pequeña familia íntima comeré ostras.
Perché mi piace.
No le digan más “verdurita”, díganle hierbas gourmet
19/09/2007 - 12:00:00
Autor: Orlando Barone
Radio Continental
Hay una conspiración argentina más fantástica que la de la guerra de las galaxias, la de Al Qaeda, la del código Da Vinci y la del célebre libro “La conspiración de los idiotas”. Es la de la verdura. Sí, la verdura.
Y están involucrados en ella aquellas noches glaciares del agua nieve; la angurria de la soja que un día va a terminar comiéndose hasta a los agricultores; la codicia del verdulero que ahora quiere ser más rico que Alan Faena y que Eurnekian; la filantropía desatada de las góndolas de Coto y de Carrefur, o de las huertas naturistas cultivadas por chicas rubias vestidas de granjeras que fabrican verduras finas que vienen en estuche. También conspiran algunos rezongones carnívoros que nunca comieron verdura, pero que justo ahora quieren comer ensalada de rabanito y de endivias con toques de cebollines o si no, no comen.
Entonces el tomate, la papa, la lechuga y el perejil, que antiguamente se olvidaban en la heladera o en una bolsa hasta que les salía moho y había que tirarlos, empezaron a conspirar en las verdulerías y a convertirse en ingredientes de cocina gourmet solo al alcance de una elite gastronómica. O del controlador Moreno que es el único que consigue la verdura al precio de antes.
Analistas graduados en Harvard donde se gradúan los especialistas más humanitarios y piadosos; y periodistas académicos que se lustran entre sí en conciliábulos donde juegan a ser libres cuando no los ven las empresas, dejaron de atender asuntos de la alta política para dedicarse a considerar el aterrador avance del precio del zapallito y del brócoli.
Pensar que en lunfardo decir “verdurita” es nombrar algo sin valor: algo insignificante. Que decir “perejil” es decirle a un tipo bobo, otario, o que está tirado como un “perejil”. “Zanahoria” es lo mismo: melón, idiota. “Zapallo” es una cabeza grande como la de un extrarrestre. O como la de Duhalde o Badía. O Tinelli. A veces hueca. “Radicheta” se le decía a los radicales cuando todavía existían hasta en el Chaco. Es que antes se soñaba distinto. La gente soñaba con alguna langosta exótica que nunca comería; con un blinis de caviar de Esturión del mar Caspio, o con un costillar de ternero Brangus criado con pediatra y sicólogo y más tierno que la papilla para el recién nacido. Ya no: ahora la utopía es la ensalada. El tomate relleno. La papa a la española. El souflé de zapallito. Las setas salteadas en el wok. Los alcahuciles al infierno.
O las berenjenas de quinta silvestre con cama solar y toques de tomates confitados con eneldo.
Las verduras y hortalizas han alcanzado tal rango de amenaza en el presupuesto doméstico que ya hay gente que las pone en el rubro de artículos suntuarios junto a la crema antiarrugas y al preservativo de látex salvaje de Nepal, de la línea Versacce; y que los domingos en lugar de ravioles ahora sirve una fuente chica de ensalada como plato de lujo.
Pero no les haga caso a los agoreros. Que mientras lo asustan ellos comen a escondidas papas andinas, rúcula de aguas termales y borraja amalfitana. Dese el gusto. Y así como fue alguna vez a Cancum, alquiló una carpa en la Bristol, pagó la fiesta de casamiento de la nena, cambió el auto viejo o la camioneta de reparto, o instaló el inodoro donde antes había un agujero, cómase una ensalada completa y hasta agréguele hebras de queso provolone y finos hilos de cibolulette.
A los argentinos no nos van a correr con verdurita.
19/09/2007 - 12:00:00
Autor: Orlando Barone
Radio Continental
Hay una conspiración argentina más fantástica que la de la guerra de las galaxias, la de Al Qaeda, la del código Da Vinci y la del célebre libro “La conspiración de los idiotas”. Es la de la verdura. Sí, la verdura.
Y están involucrados en ella aquellas noches glaciares del agua nieve; la angurria de la soja que un día va a terminar comiéndose hasta a los agricultores; la codicia del verdulero que ahora quiere ser más rico que Alan Faena y que Eurnekian; la filantropía desatada de las góndolas de Coto y de Carrefur, o de las huertas naturistas cultivadas por chicas rubias vestidas de granjeras que fabrican verduras finas que vienen en estuche. También conspiran algunos rezongones carnívoros que nunca comieron verdura, pero que justo ahora quieren comer ensalada de rabanito y de endivias con toques de cebollines o si no, no comen.
Entonces el tomate, la papa, la lechuga y el perejil, que antiguamente se olvidaban en la heladera o en una bolsa hasta que les salía moho y había que tirarlos, empezaron a conspirar en las verdulerías y a convertirse en ingredientes de cocina gourmet solo al alcance de una elite gastronómica. O del controlador Moreno que es el único que consigue la verdura al precio de antes.
Analistas graduados en Harvard donde se gradúan los especialistas más humanitarios y piadosos; y periodistas académicos que se lustran entre sí en conciliábulos donde juegan a ser libres cuando no los ven las empresas, dejaron de atender asuntos de la alta política para dedicarse a considerar el aterrador avance del precio del zapallito y del brócoli.
Pensar que en lunfardo decir “verdurita” es nombrar algo sin valor: algo insignificante. Que decir “perejil” es decirle a un tipo bobo, otario, o que está tirado como un “perejil”. “Zanahoria” es lo mismo: melón, idiota. “Zapallo” es una cabeza grande como la de un extrarrestre. O como la de Duhalde o Badía. O Tinelli. A veces hueca. “Radicheta” se le decía a los radicales cuando todavía existían hasta en el Chaco. Es que antes se soñaba distinto. La gente soñaba con alguna langosta exótica que nunca comería; con un blinis de caviar de Esturión del mar Caspio, o con un costillar de ternero Brangus criado con pediatra y sicólogo y más tierno que la papilla para el recién nacido. Ya no: ahora la utopía es la ensalada. El tomate relleno. La papa a la española. El souflé de zapallito. Las setas salteadas en el wok. Los alcahuciles al infierno.
O las berenjenas de quinta silvestre con cama solar y toques de tomates confitados con eneldo.
Las verduras y hortalizas han alcanzado tal rango de amenaza en el presupuesto doméstico que ya hay gente que las pone en el rubro de artículos suntuarios junto a la crema antiarrugas y al preservativo de látex salvaje de Nepal, de la línea Versacce; y que los domingos en lugar de ravioles ahora sirve una fuente chica de ensalada como plato de lujo.
Pero no les haga caso a los agoreros. Que mientras lo asustan ellos comen a escondidas papas andinas, rúcula de aguas termales y borraja amalfitana. Dese el gusto. Y así como fue alguna vez a Cancum, alquiló una carpa en la Bristol, pagó la fiesta de casamiento de la nena, cambió el auto viejo o la camioneta de reparto, o instaló el inodoro donde antes había un agujero, cómase una ensalada completa y hasta agréguele hebras de queso provolone y finos hilos de cibolulette.
A los argentinos no nos van a correr con verdurita.
En el diván, con Mirtha Legrand.
http://www.pilarrahola.com/
La barroca elegancia de las grandes divas. Sus tacones de espanto en esos pies que han pisado décadas de éxito, glamour y belleza. Sus brillantes joyas, adornando una inteligencia mordaz, en un cuerpo que se enfunda en rosas imposibles. La contemplo en su atalaya divina, y el respeto adquiere el sentido de la admiración.Si Argentina se observa desde la mesa elegantemente parada de MirthaLegrand, los tiempos y los hechos se ablandan como mantequilla, se vuelven algo tiernos. Comparto esa mesa televisiva, codiciada y amable, con mujeres de alta categoría y más alta voz: Estela Carlotto, la presidenta de las Abuelas de la plaza de Mayo; Olga Riutort, que aspira a dirigir los destinos de la ciudad de Córdoba, y una de esas mentes lúcidas que la política argentina sabe dar en los tiempos del desconcierto, Gabriela Michetti, mano derecha de Mauricio Macri en el Gobierno de Buenos Aires.
Empieza el programa y el glamour acomoda el debate de las ideas: la memoria de la represiףn, los mitos intocables, el hambre entre la riqueza, el papel de la mujer... Vista desde la perspectiva que da la complicidad lejana –la mirada extranjera- Argentina preocupa tanto como seduce, sorprendente en sus logros y en sus déficit. Vidas paralelas en muchos aspectos, la dictadura, la represión, la memoria, el terrorismo, Argentina no tomó el camino que el pacto de la transición marcó para la vieja Sefarad, y esa bifurcación cambió los destinos mutuos. Sé que decirlo remueve y araña mi alma antifranquista, pero viendo el círculo de odios, venganzas, juicios inacabables y toda suerte de denuncias cruzadas que aún atenazan –y condicionan severamente- la política argentina, creo que el camino que tomó la democracia española fue tan valiente, como necesario para garantizar el futuro.A Argentina le pesa tanto el pasado, que a veces parece que habita en él,como si la realidad no fuera más que su derivada. Un pasado, además, mirado con ojo tuerto, donde los dictadores y sus cómplices reciben el legítimo repudio y lentamente van pisando los suelos de la justicia; pero cuyos terroristas son considerados héroes del pueblo.Héroes. Lacra de toda Latinoamérica y no sólo de Argentina, la actitud deuna parte del espectro social, que minimiza, justifica e incluso avala elterrorismo, es un penoso síntoma del relativismo ético que practican muchos líderes de izquierdas, hasta el punto de no conmoverse ni con la muerte masiva.
Ahí está, para vergüenza de Argentina y para vergüenza de lahumanidad, el brindis que Hebe de Bonafini -la antigua presidenta de lasmadres de Mayo- hizo, celebrando el atentado del 11-S. Un total de 4.000muertos, 4.000 personas con sus vidas, sus esperanzas, sus ilusiones,convertidas en humo en manos del terror, y la risa de Bonafini bendiciendo la matanza. Y su famoso ¡Viva ETA! En la España que la había invitado y aún lloraba la muerte de Ernest Lluch. Hebe representa el paradigma de una izquierda violenta, revanchista hasta la locura, inequívocamente reaccionaria. Sin embargo, ¿es ella lo alarmante? Al fin y al cabo, personajes como Hebe o como otros que pululan por el continente, con el delirante Chávez a la cabeza, no son nuevos en el mercado del populismo demagógico. No. Lo alarmante es que el día después del brindis de muerte, las Hebes continuen teniendo micrófonos, vida social activa, miles de pesos de ayuda pública y hasta el aval institucional. "Todos somos hijos de Hebe", me aseguran que dijo Néstor Kirchner.
Sobran palabras... Eso es el relativismo ético, ésa es la quiebra de valores que, con angustiosa naturalidad, se puede respirar en la Argentina que avala determinado progresismo. En esa Argentina, y en alguna de las Españas... Como dijo el sabio, "habrá que defenderse de una derecha muy diestra, y de una izquierda muy siniestra".Más allá de la minimización del terrorismo, las víctimas de la dictaduraestán presentes, devoradas en los agujeros negros del horror, y no parece fácil enterrarlas. Estela Carlotto me lo dijo de forma descarnada yfrontal: "tienen que pagar". En su caso, por una hija muerta y una nietadesaparecida. Difícil cuestión, décadas después. Si no pagan por loscrímenes, la impunidad ganará cruelmente la partida. Si pagan, ¿cómo dejar fuera de la justicia a los que, en nombre de la libertad, tambiénasesinaron? Chile y Uruguay encontraron su camino, atribulado, doloroso y valiente, hacia la reconciliación. Argentina prefiere chapotear en uneterno barrizal. Personalmente, no estoy segura de que alcance justicia,pero conseguirá niveles notables de venganza. Y eso, que alimenta a lasfurias del pasado, puede ser dinamita para el futuro.
Vuelvo a Mirtha, su cadencia, su penetrante mirada, el clima que nos crea, donde la carne viva de lo tratado se moldea suavemente, como si no fuera trágico. Poesía y luz en las tinieblas de la épica. La observo con cariño, convencida de estar ante una de las últimas de una gran estirpe;una reina, como me dijo ella misma en los salones del Alvear. Sí. Una reina divina.
Pilar Rahola : El País. Madrid.
ex Vicealcaldesa de Barcelona (Socialista)
http://www.pilarrahola.com/
La barroca elegancia de las grandes divas. Sus tacones de espanto en esos pies que han pisado décadas de éxito, glamour y belleza. Sus brillantes joyas, adornando una inteligencia mordaz, en un cuerpo que se enfunda en rosas imposibles. La contemplo en su atalaya divina, y el respeto adquiere el sentido de la admiración.Si Argentina se observa desde la mesa elegantemente parada de MirthaLegrand, los tiempos y los hechos se ablandan como mantequilla, se vuelven algo tiernos. Comparto esa mesa televisiva, codiciada y amable, con mujeres de alta categoría y más alta voz: Estela Carlotto, la presidenta de las Abuelas de la plaza de Mayo; Olga Riutort, que aspira a dirigir los destinos de la ciudad de Córdoba, y una de esas mentes lúcidas que la política argentina sabe dar en los tiempos del desconcierto, Gabriela Michetti, mano derecha de Mauricio Macri en el Gobierno de Buenos Aires.
Empieza el programa y el glamour acomoda el debate de las ideas: la memoria de la represiףn, los mitos intocables, el hambre entre la riqueza, el papel de la mujer... Vista desde la perspectiva que da la complicidad lejana –la mirada extranjera- Argentina preocupa tanto como seduce, sorprendente en sus logros y en sus déficit. Vidas paralelas en muchos aspectos, la dictadura, la represión, la memoria, el terrorismo, Argentina no tomó el camino que el pacto de la transición marcó para la vieja Sefarad, y esa bifurcación cambió los destinos mutuos. Sé que decirlo remueve y araña mi alma antifranquista, pero viendo el círculo de odios, venganzas, juicios inacabables y toda suerte de denuncias cruzadas que aún atenazan –y condicionan severamente- la política argentina, creo que el camino que tomó la democracia española fue tan valiente, como necesario para garantizar el futuro.A Argentina le pesa tanto el pasado, que a veces parece que habita en él,como si la realidad no fuera más que su derivada. Un pasado, además, mirado con ojo tuerto, donde los dictadores y sus cómplices reciben el legítimo repudio y lentamente van pisando los suelos de la justicia; pero cuyos terroristas son considerados héroes del pueblo.Héroes. Lacra de toda Latinoamérica y no sólo de Argentina, la actitud deuna parte del espectro social, que minimiza, justifica e incluso avala elterrorismo, es un penoso síntoma del relativismo ético que practican muchos líderes de izquierdas, hasta el punto de no conmoverse ni con la muerte masiva.
Ahí está, para vergüenza de Argentina y para vergüenza de lahumanidad, el brindis que Hebe de Bonafini -la antigua presidenta de lasmadres de Mayo- hizo, celebrando el atentado del 11-S. Un total de 4.000muertos, 4.000 personas con sus vidas, sus esperanzas, sus ilusiones,convertidas en humo en manos del terror, y la risa de Bonafini bendiciendo la matanza. Y su famoso ¡Viva ETA! En la España que la había invitado y aún lloraba la muerte de Ernest Lluch. Hebe representa el paradigma de una izquierda violenta, revanchista hasta la locura, inequívocamente reaccionaria. Sin embargo, ¿es ella lo alarmante? Al fin y al cabo, personajes como Hebe o como otros que pululan por el continente, con el delirante Chávez a la cabeza, no son nuevos en el mercado del populismo demagógico. No. Lo alarmante es que el día después del brindis de muerte, las Hebes continuen teniendo micrófonos, vida social activa, miles de pesos de ayuda pública y hasta el aval institucional. "Todos somos hijos de Hebe", me aseguran que dijo Néstor Kirchner.
Sobran palabras... Eso es el relativismo ético, ésa es la quiebra de valores que, con angustiosa naturalidad, se puede respirar en la Argentina que avala determinado progresismo. En esa Argentina, y en alguna de las Españas... Como dijo el sabio, "habrá que defenderse de una derecha muy diestra, y de una izquierda muy siniestra".Más allá de la minimización del terrorismo, las víctimas de la dictaduraestán presentes, devoradas en los agujeros negros del horror, y no parece fácil enterrarlas. Estela Carlotto me lo dijo de forma descarnada yfrontal: "tienen que pagar". En su caso, por una hija muerta y una nietadesaparecida. Difícil cuestión, décadas después. Si no pagan por loscrímenes, la impunidad ganará cruelmente la partida. Si pagan, ¿cómo dejar fuera de la justicia a los que, en nombre de la libertad, tambiénasesinaron? Chile y Uruguay encontraron su camino, atribulado, doloroso y valiente, hacia la reconciliación. Argentina prefiere chapotear en uneterno barrizal. Personalmente, no estoy segura de que alcance justicia,pero conseguirá niveles notables de venganza. Y eso, que alimenta a lasfurias del pasado, puede ser dinamita para el futuro.
Vuelvo a Mirtha, su cadencia, su penetrante mirada, el clima que nos crea, donde la carne viva de lo tratado se moldea suavemente, como si no fuera trágico. Poesía y luz en las tinieblas de la épica. La observo con cariño, convencida de estar ante una de las últimas de una gran estirpe;una reina, como me dijo ella misma en los salones del Alvear. Sí. Una reina divina.
Pilar Rahola : El País. Madrid.
ex Vicealcaldesa de Barcelona (Socialista)
La mujer es aún en el mundo ese oscuro objeto del derecho
Viernes 31 de Agosto de 2007
Noticias | Buscador | Nota
Opinión
La mujer es aún en el mundo ese oscuro objeto del derecho
A comienzos del siglo XXI todavía está lejos de terminarse la discriminación
Si algo se destacó de su personalidad, fue esa inteligencia vivaz, adornada de una socarronería impertinente que no siempre facilitaba la comunicación. François Mitterrand fue un hombre complejo y, como tal, controvertido. De su legado ideológico rescato algunas miradas agudas sobre el futuro, un implacable análisis del alma francesa y su compromiso político con la mujer.
Alguna amiga feminista me ha hecho notar su fogosa y no siempre honesta vida amorosa, pero el material rosa de su biografía no me impide valorar su aporte histórico. De hecho, si tuviéramos que revisar la biografía de grandes nombres de la historia en función de su relación con las mujeres, no salvaríamos ni a Picasso ni a Einstein ni a tantos otros. Mitterrand no fue un misógino enfermizo, como Picasso, ni un clásico macho dominante a la usanza de Einstein, y su figura histórica no reviste tamaña grandeza, pero fue relevante, tuvo luces en sus ideas respecto de la mujer y, amorosamente, habitó en sus sombras.
Ahí está, para exaltación de la poesía trágica, la tortuosa relación con la artista Dalida, que, en su suicidio, le dejó sus últimas palabras de amor: “La vie m’est insupportable. Pardonnez-moi”. De Mitterrand, pues, es la frase que inspira este artículo: “¿Cómo será el hombre del siglo XXI?”, le preguntaron. Y el presidente respondió: “El hombre del siglo XXI será mujer”.
Daba, así, la vuelta al sentido de los chistes de los años 60, tan amantes de ridiculizar la lucha feminista: “Una feminista es una mujer que es todo un hombre”...
Sin embargo, la optimista perspectiva de Mitterrand, ¿es realista? Algunos indicadores así lo muestran, no en vano la mujer ha avanzado en todos los frentes, e incluso puede llegar a presidir el país más influyente del planeta. Aunque, en este sentido, es interesante un artículo de Andrés Oppenheimer en LA NACION, donde no parece claro que Hillary Clinton lo tenga fácil.
Un dato ofrecido por Andrés, para enfriar las ilusiones: Estados Unidos está en el puesto 67 de representación femenina en las cámaras bajas, justo por detrás de Zimbabwe. Sin embargo, una mujer negra es la número dos del gobierno, otra es la presidenta del Senado y Hillary tiene opciones de llegar a la Casa Blanca.
Ese magma de contradicciones es, hoy por hoy, el retrato dual de la situación política de la mujer en un mundo donde algunas de ellas son presidentas y otras sólidas candidatas. Parto, pues, de esta convicción: esa mujer que abandonó, hace más de un siglo, la casa de muñecas de Ibsen para encontrarse a sí misma, que se estrelló con Alexandra Kolontai en las revoluciones tan misóginas como las sociedades que querían cambiar, que profundizó en el “deuxième sexe” de la mano de Simone de Beauvoir, y que hoy quiere aterrizar en la Casa Blanca o en la Rosada, esa mujer ya no va a parar.
Como una mancha de aceite, la mujer ha decidido que su frontera no tiene fronteras y que todos los retos son posibles.
Me permití expresar esta idea al matrimonio Kirchner, a quien saludé en el emotivo acto de AMIA: “Queremos la igualdad. Es decir, el poder”.
“La tercera mujer”, como gusta de nombrarla Gilles Lipovetsky, ha iniciado un proceso imparable.
Ese proceso, que está transformando para siempre nuestro paradigma cultural, es el cambio más importante de la historia reciente de la humanidad; equiparable a la Ilustración, que transgredió nuestra relación social con Dios y con el poder, y a la aparición del concepto democrático de sociedad. Sin duda, la emancipación de la mujer es el aporte más profundo del caótico, contradictorio y aterrador siglo XX.
Sin embargo, las luces cohabitan con tanta impunidad con las sombras, que el balance de la situación de la mujer a inicios del siglo XXI derrocha vergüenza tanto como adolece de derechos. Cierto.
En las sociedades libres, nuestros códigos penales persiguen la discriminación. Pero también es cierto que el paradigma social no ha cambiado al ritmo de las leyes, y que las mujeres de las sociedades democráticas sufren, más que gozan, la pretendida igualdad.
No tenemos mujeres emancipadas, capaces de llegar a los horizontes lejanos que se planteen. Tenemos profesionales agotadas, obligadas a demostrar cada día que son excepcionales, que no son “okupas” del despacho que detentan. Esas mismas profesionales compaginan su competitividad profesional con vidas personales cuya responsabilidad también asumen íntegramente: hijos, trabajo doméstico, familiares ancianos; de la heladera a la plancha, del pediatra a la escuela, las profesionales del siglo XXI han conquistado el derecho legal, pero están lejos de conquistar el derecho cotidiano.
Por supuesto, el paradigma masculino está cambiando y ya son muchos los hombres que asumen su responsabilidad, pero estamos lejos de un estatus justo para las mujeres. Y eso nos agota, hasta el punto de considerar la igualdad como una pesada carga.
Alguien lo dijo sabiamente: las mujeres buscamos a un hombre que aún no existe, y los hombres buscan a mujeres que ya no existen. Por el camino, a pesar de todo, nos encontramos.
No es menor el resto de ítems que configuran el techo de cristal de la mujer actual: discriminación laboral, peores sueldos, mayores dificultades para progresar y, en el rincón más oscuro del problema, la malvada cuestión de la violencia doméstica. Cruel, trágica y opaca.
Es falso considerar que la cuestión de la mujer está resuelta, y, aunque su avance sea imparable, está en manos de nuestras sociedades hacer el camino menos doloroso. La igualdad llegará el día en que la mujer tenga el derecho a ser mediocre; como mínimo, tanto como lo son la mayoría de hombres que progresan en la sociedad.
Dicho todo ello, todo es menor cuando la mujer que situamos en el horizonte habita en sociedades dictatoriales, sometida a leyes medievales y esclavizada con excusas religiosas tiránicas.
Esa es la herida sangrante que grita su silencio en los rincones del mundo, allí donde las leyes de la modernidad estallan en los muros de la barbarie.
Millones de mujeres no tienen derecho a documento propio, no pueden escoger a sus maridos, sufren códigos penales que las esclavizan hasta el delirio, y fácilmente pueden ser condenadas a muerte por delitos de honor.
Lapidación, mutilación genital (135 millones de mujeres mutiladas en el mundo), matrimonios forzosos, analfabetización y un largo recorrido de violentas indignidades, que convierten a millones de ellas en parias del derecho internacional.
Su dolor no interesa a nadie, no forma parte de lo políticamente correcto, no tiene una Organización de las Naciones Unidas que lo ampare ni una conciencia crítica que lo denuncie, y así cohabitamos con mujeres que pueden presidir Estados Unidos en el mismo planeta y tiempo donde otras pueden ser legalmente lapidadas.
¿Cuántas abogadas, médicos, maestras de escuela, poetas, pierde la humanidad en Arabia, en Yemen, en Qatar, en Emiratos, en Sudán, en Somalia, en Malasia, en…? ¿Cuántas mujeres felices? La violencia legal contra la mujer que ejercen decenas de países islámicos es un acto criminal, cuya impunidad sólo nos da la medida de la iniquidad colectiva.
El estómago del planeta ya no soporta la discriminación legal contra negros, gitanos u otra comunidad secularmente discriminada. Pero digiere, sin empacho, las brutales discriminaciones que padecen millones de mujeres en manos de gobernantes islámicos. Es decir, hoy otra vez lo ocurrido en Sudáfrica ayer es impensable. Pero Irán o Sudán o Yemen adornan los cuadros de honor del horror femenino.
En nombre de un dios, ulemas, ayatollahs, imanes, tiranos, niegan los derechos fundamentales a sus madres, hijas, esposas, y ello no implica un levantamiento moral de las conciencias comprometidas.
Esos mismos tipos que usan celulares vía satélite y que construyen rascacielos con lujo estratosférico mantienen a sus mujeres en la peor opresión. Ellos disfrutan del siglo XXI; ellas están condenadas a los grilletes del siglo XIII.
Mientras, ¿dónde está Sting para cantar contra la opresión femenina, como lo hacía contra la opresión negra? ¿Dónde están los intelectuales engagés? ¿Dónde el grito rebelde de las universidades? ¿Dónde la izquierda decente, la que no adora a tiranos? ¿Dónde, todos?
Si este artículo tiene algún valor, que sea el del grito. Un grito por tanto silencio cómplice, por tanta palabra negada, por tanto dolor escondido.
Puede que lleguemos a la Casa Blanca o a cualquier otro color del color del poder. Pero la realidad opresiva de millones de mujeres anula el siglo de la libertad femenina. Auguro un XXI donde el machismo criminal cabalgará libre durante décadas, amparado en el perverso uso de la religión, la impunidad de las tiranías y la indiferencia colectiva.
Por cada Hillary, ¿cuántas mujeres asesinadas “legalmente” por delitos de honor? ¿Por cada Cristina, cuántas lapidadas?
Por Pilar Rahola
Para LA NACION
La autora, escritora y periodista española, fue diputada y vicealcaldesa de Barcelona.
Link corto: http://www.lanacion.com.ar/939372
Noticias | Buscador | Nota
Opinión
La mujer es aún en el mundo ese oscuro objeto del derecho
A comienzos del siglo XXI todavía está lejos de terminarse la discriminación
Si algo se destacó de su personalidad, fue esa inteligencia vivaz, adornada de una socarronería impertinente que no siempre facilitaba la comunicación. François Mitterrand fue un hombre complejo y, como tal, controvertido. De su legado ideológico rescato algunas miradas agudas sobre el futuro, un implacable análisis del alma francesa y su compromiso político con la mujer.
Alguna amiga feminista me ha hecho notar su fogosa y no siempre honesta vida amorosa, pero el material rosa de su biografía no me impide valorar su aporte histórico. De hecho, si tuviéramos que revisar la biografía de grandes nombres de la historia en función de su relación con las mujeres, no salvaríamos ni a Picasso ni a Einstein ni a tantos otros. Mitterrand no fue un misógino enfermizo, como Picasso, ni un clásico macho dominante a la usanza de Einstein, y su figura histórica no reviste tamaña grandeza, pero fue relevante, tuvo luces en sus ideas respecto de la mujer y, amorosamente, habitó en sus sombras.
Ahí está, para exaltación de la poesía trágica, la tortuosa relación con la artista Dalida, que, en su suicidio, le dejó sus últimas palabras de amor: “La vie m’est insupportable. Pardonnez-moi”. De Mitterrand, pues, es la frase que inspira este artículo: “¿Cómo será el hombre del siglo XXI?”, le preguntaron. Y el presidente respondió: “El hombre del siglo XXI será mujer”.
Daba, así, la vuelta al sentido de los chistes de los años 60, tan amantes de ridiculizar la lucha feminista: “Una feminista es una mujer que es todo un hombre”...
Sin embargo, la optimista perspectiva de Mitterrand, ¿es realista? Algunos indicadores así lo muestran, no en vano la mujer ha avanzado en todos los frentes, e incluso puede llegar a presidir el país más influyente del planeta. Aunque, en este sentido, es interesante un artículo de Andrés Oppenheimer en LA NACION, donde no parece claro que Hillary Clinton lo tenga fácil.
Un dato ofrecido por Andrés, para enfriar las ilusiones: Estados Unidos está en el puesto 67 de representación femenina en las cámaras bajas, justo por detrás de Zimbabwe. Sin embargo, una mujer negra es la número dos del gobierno, otra es la presidenta del Senado y Hillary tiene opciones de llegar a la Casa Blanca.
Ese magma de contradicciones es, hoy por hoy, el retrato dual de la situación política de la mujer en un mundo donde algunas de ellas son presidentas y otras sólidas candidatas. Parto, pues, de esta convicción: esa mujer que abandonó, hace más de un siglo, la casa de muñecas de Ibsen para encontrarse a sí misma, que se estrelló con Alexandra Kolontai en las revoluciones tan misóginas como las sociedades que querían cambiar, que profundizó en el “deuxième sexe” de la mano de Simone de Beauvoir, y que hoy quiere aterrizar en la Casa Blanca o en la Rosada, esa mujer ya no va a parar.
Como una mancha de aceite, la mujer ha decidido que su frontera no tiene fronteras y que todos los retos son posibles.
Me permití expresar esta idea al matrimonio Kirchner, a quien saludé en el emotivo acto de AMIA: “Queremos la igualdad. Es decir, el poder”.
“La tercera mujer”, como gusta de nombrarla Gilles Lipovetsky, ha iniciado un proceso imparable.
Ese proceso, que está transformando para siempre nuestro paradigma cultural, es el cambio más importante de la historia reciente de la humanidad; equiparable a la Ilustración, que transgredió nuestra relación social con Dios y con el poder, y a la aparición del concepto democrático de sociedad. Sin duda, la emancipación de la mujer es el aporte más profundo del caótico, contradictorio y aterrador siglo XX.
Sin embargo, las luces cohabitan con tanta impunidad con las sombras, que el balance de la situación de la mujer a inicios del siglo XXI derrocha vergüenza tanto como adolece de derechos. Cierto.
En las sociedades libres, nuestros códigos penales persiguen la discriminación. Pero también es cierto que el paradigma social no ha cambiado al ritmo de las leyes, y que las mujeres de las sociedades democráticas sufren, más que gozan, la pretendida igualdad.
No tenemos mujeres emancipadas, capaces de llegar a los horizontes lejanos que se planteen. Tenemos profesionales agotadas, obligadas a demostrar cada día que son excepcionales, que no son “okupas” del despacho que detentan. Esas mismas profesionales compaginan su competitividad profesional con vidas personales cuya responsabilidad también asumen íntegramente: hijos, trabajo doméstico, familiares ancianos; de la heladera a la plancha, del pediatra a la escuela, las profesionales del siglo XXI han conquistado el derecho legal, pero están lejos de conquistar el derecho cotidiano.
Por supuesto, el paradigma masculino está cambiando y ya son muchos los hombres que asumen su responsabilidad, pero estamos lejos de un estatus justo para las mujeres. Y eso nos agota, hasta el punto de considerar la igualdad como una pesada carga.
Alguien lo dijo sabiamente: las mujeres buscamos a un hombre que aún no existe, y los hombres buscan a mujeres que ya no existen. Por el camino, a pesar de todo, nos encontramos.
No es menor el resto de ítems que configuran el techo de cristal de la mujer actual: discriminación laboral, peores sueldos, mayores dificultades para progresar y, en el rincón más oscuro del problema, la malvada cuestión de la violencia doméstica. Cruel, trágica y opaca.
Es falso considerar que la cuestión de la mujer está resuelta, y, aunque su avance sea imparable, está en manos de nuestras sociedades hacer el camino menos doloroso. La igualdad llegará el día en que la mujer tenga el derecho a ser mediocre; como mínimo, tanto como lo son la mayoría de hombres que progresan en la sociedad.
Dicho todo ello, todo es menor cuando la mujer que situamos en el horizonte habita en sociedades dictatoriales, sometida a leyes medievales y esclavizada con excusas religiosas tiránicas.
Esa es la herida sangrante que grita su silencio en los rincones del mundo, allí donde las leyes de la modernidad estallan en los muros de la barbarie.
Millones de mujeres no tienen derecho a documento propio, no pueden escoger a sus maridos, sufren códigos penales que las esclavizan hasta el delirio, y fácilmente pueden ser condenadas a muerte por delitos de honor.
Lapidación, mutilación genital (135 millones de mujeres mutiladas en el mundo), matrimonios forzosos, analfabetización y un largo recorrido de violentas indignidades, que convierten a millones de ellas en parias del derecho internacional.
Su dolor no interesa a nadie, no forma parte de lo políticamente correcto, no tiene una Organización de las Naciones Unidas que lo ampare ni una conciencia crítica que lo denuncie, y así cohabitamos con mujeres que pueden presidir Estados Unidos en el mismo planeta y tiempo donde otras pueden ser legalmente lapidadas.
¿Cuántas abogadas, médicos, maestras de escuela, poetas, pierde la humanidad en Arabia, en Yemen, en Qatar, en Emiratos, en Sudán, en Somalia, en Malasia, en…? ¿Cuántas mujeres felices? La violencia legal contra la mujer que ejercen decenas de países islámicos es un acto criminal, cuya impunidad sólo nos da la medida de la iniquidad colectiva.
El estómago del planeta ya no soporta la discriminación legal contra negros, gitanos u otra comunidad secularmente discriminada. Pero digiere, sin empacho, las brutales discriminaciones que padecen millones de mujeres en manos de gobernantes islámicos. Es decir, hoy otra vez lo ocurrido en Sudáfrica ayer es impensable. Pero Irán o Sudán o Yemen adornan los cuadros de honor del horror femenino.
En nombre de un dios, ulemas, ayatollahs, imanes, tiranos, niegan los derechos fundamentales a sus madres, hijas, esposas, y ello no implica un levantamiento moral de las conciencias comprometidas.
Esos mismos tipos que usan celulares vía satélite y que construyen rascacielos con lujo estratosférico mantienen a sus mujeres en la peor opresión. Ellos disfrutan del siglo XXI; ellas están condenadas a los grilletes del siglo XIII.
Mientras, ¿dónde está Sting para cantar contra la opresión femenina, como lo hacía contra la opresión negra? ¿Dónde están los intelectuales engagés? ¿Dónde el grito rebelde de las universidades? ¿Dónde la izquierda decente, la que no adora a tiranos? ¿Dónde, todos?
Si este artículo tiene algún valor, que sea el del grito. Un grito por tanto silencio cómplice, por tanta palabra negada, por tanto dolor escondido.
Puede que lleguemos a la Casa Blanca o a cualquier otro color del color del poder. Pero la realidad opresiva de millones de mujeres anula el siglo de la libertad femenina. Auguro un XXI donde el machismo criminal cabalgará libre durante décadas, amparado en el perverso uso de la religión, la impunidad de las tiranías y la indiferencia colectiva.
Por cada Hillary, ¿cuántas mujeres asesinadas “legalmente” por delitos de honor? ¿Por cada Cristina, cuántas lapidadas?
Por Pilar Rahola
Para LA NACION
La autora, escritora y periodista española, fue diputada y vicealcaldesa de Barcelona.
Link corto: http://www.lanacion.com.ar/939372
Suscribirse a:
Entradas (Atom)